El complejo liderazgo chino

Cuesta entender lo que ocurre en el mundo.

Estados Unidos, por años el campeón de la democracia y la libertad de comercio, protagoniza un repliegue portentoso: el Presidente Trump anunció que las importaciones de acero y sus derivados se gravarán con un 25 por ciento, mientras que para el aluminio se aplicará un 10 por ciento. La razón, dijo, es que “nuestras industrias de acero y aluminio (y muchas otras) han sido diezmadas durante décadas por el comercio injusto y la mala política con países del mundo. No podemos permitir que se sigan aprovechando de nuestro país”.

Según la BBC, preocupa la reacción de China, que podría responder a los aranceles estadounidenses con los suyos. Sería el inicio de una guerra comercial, el escenario más temido por expertos e inversores.

Paradojalmente, China es hoy el nuevo abanderado de la libertad comercial. También lo es en otros temas complejos.

El audaz gesto del Jefe de Estado chino de reunirse con su homólogo de Corea del Norte, le da a China, como tituló El Mercurio, “la llave para destrabar la crisis norcoreana”. En las próximas semanas, debería concretarse un acercamiento sin precedentes de la dos Coreas además de un inédito encuentro entre Donald Trump y Kim Jong-il.

De este modo, China se consolida como potencia mundial, no tanto por sus armas sino por su capacidad de negociar e incitar a la negociación entre rivales.

Lo más sorprendentes es que China está lejos de ser un ejemplo democrático. En esta materia tiene enormes insuficiencias. Se trata de un problema complejo según quienes, desde dentro del sistema, analizan el futuro de su democracia. Es un proceso lento, plantean, ya que es necesario empezar por clarificar “cuáles son los factores que desencadenan la innovación institucional y la reforma del régimen”.

El profesor Fang Ning, director del Instituto de Ciencias Políticas de la Academia de Ciencias Sociales de China, sostiene que la reforma política se inició en 1980. Deng Xiaoping sostuvo entonces la revisión de diversas situaciones para avanzar hacia la democracia, la principal de las cuales era “el exceso de la centralización del poder y los métodos patriarcales”.

Con sus profundas reformas económicas y la apertura a la globalización, la República Popular China avanzó considerablemente en las décadas siguientes, especialmente después de su ingreso a la organización mundial de comercio en 2001. Declaró entonces Mike Moore, Director General de la OMC: “Con la adhesión de China, la OMC ha dado un paso muy importante hacia su conversión en una organización auténticamente mundial”.

La gran apertura china, acaba de sufrir, sin embargo, un traspié grave. A comienzos de marzo, la Asamblea Nacional Popular abolió el límite a los mandatos presidenciales. Así Xi Jinping se ha convertido a los 64 años, en el presidente chino con mayor poder desde hace un cuarto de siglo. Podrá permanecer al mando más allá del término de su actual período en 2023.

2.958 de los casi 3.000 delegados de la Asamblea Nacional Popular (ANP) aprobaron sin sorpresas la medida como parte de un paquete de reformas constitucionales. Sólo hubo dos votos en contra y tres abstenciones.

¿Democracia? No como la entendemos por estos lados.

A. S.
Marzo 2018
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas