El papel del nuncio

El último día del Papa Francisco en Chile quedó marcado por varias situaciones fuera de programa. La más peligrosa fue la caída de la carabinera Ana Belén Aguilera, cuyo caballo se encabritó justo al paso de la comitiva oficial en Iquique. Como registraron las cámaras, el Pontífice hizo detener su vehículo y acudió a su lado, quedándose con ella hasta que llegó una ambulancia. Horas antes, en un gesto no previsto, Francisco casó a Paula Podest de 39 años con Carlos Ciuffardi de 41, tripulantes del avión que lo llevaba a su última escala. La pareja le contó al Papa que en 2010 la iglesia en la cual se iban a casar se derrumbó por el terremoto. Cuando le pidieron su bendición, Francisco fue más allá y consagró su unión religiosa. Algo sin precedentes, se comentó.

Más temprano, el Papa ya había roto el protocolo al acercarse a los periodistas a la salida de la Nunciatura: “Les quiero agradecer el servicio que ustedes han prestado a tanta gente que no puede estar acá. Gracias de corazón, que Dios los bendiga”.

Ninguno de estos gestos de cercanía con las personas, ni su actitud cariñosa con los niños, las mujeres en la cárcel, los inmigrantes, los representantes mapuches o los jóvenes será tan recordado como su espaldarazo al cuestionado obispo Juan Barros. En esa misma jornada del adiós, Francisco cerró el debate: “El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra, todo es calumnia”.

No será fácil. En los casos de abuso (o encubrimiento) casi nunca hay pruebas.

Lo sorprendente fue que, apenas unos días antes, se conoció una carta del Papa dirigida a la Conferencia Episcopal. En ella, Francisco reveló que estaba al tanto de la controversia: “Muchas gracias por manifestar abiertamente la inquietud que en estos momentos tienen respecto al nombramiento de Mons. Juan Barros Madrid… Comprendo lo que me dicen y soy consciente de que la situación de la Iglesia de Chile es difícil debido a todas las pruebas que han tenido que soportar”.

En el documento se reveló una compleja trama para superar las objeciones a Barros y a otros dos obispos. “El Sr. Nuncio le pide a Mons. Barros la renuncia y lo exhorta a tomar un periodo sabático antes de asumir otra responsabilidad pastoral como Obispo diocesano”, informa Francisco. El plan, sin embargo, se frustró cuando el nuncio en Santiago, Ivo Scapolo habló sobre el plan con Barros. “Como ustedes podrán comprender… (ello) complicó y bloqueó todo eventual camino ulterior en el sentido de ofrecer un año sabático”, escribió el Papa.

En enero de 2015, el Papa designó a Barros como obispo de Osorno. Los otros prelados incluidos en el plan no han sido removidos.

No es la primera vez que el nuncio Scapolo -cargo que es una mezcla de embajador y miembro de la jerarquía eclesiástica- se involucra en una situación ingrata.

Meses antes, en octubre de 2014, se publicó la noticia de que el arzobispo Ezzati, había enviado al Vaticano una denuncia en contra de los sacerdotes Felipe Berríos, José Aldunate y Mariano Puga. El motivo eran sus declaraciones críticas de la línea de la Iglesia Católica.

Trascendió que el cardenal respondía a una solicitud del propio nuncio. Fiel a su experiencia diplomática, es el único que no ha hablado.

A. S.
19 de Enero de 2018
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas