El Papa tiene la última palabra

El 29 de abril, mientras en Roma culminaba la emocionada visita de las víctimas de Fernando Karadima, el jefe de la oficina local de The New York Times, Jason Horowitz, hizo un crudo análisis de la situación del Papa Francisco:

Hoy en día, escribió, el Papa está cada vez más asediado. El clima político ha cambiado de manera abrupta en todo el mundo y los populistas y nacionalistas que se oponen a muchas de sus propuestas han ganado poder. Las fuerzas conservadoras dentro del Vaticano están envalentonadas y buscan boicotearlo en varios frentes”.

En la batalla de los acusadores de Karadima, la iniciativa está nuevamente en manos del Papa. Cómo se resolverá es difícil de anticipar, sobre todo en la medida en que Francisco y algunos de sus colaboradores más leales se enfrentan al gran “poder fáctico” de la Curia.

Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo agradecieron las atenciones recibidas y, sobre todo, por haber sido escuchados por Francisco. Pero fueron tajantes: “no depende de nosotros que se lleven a cabo las necesarias transformaciones en la Iglesia. Esperemos que el Papa transforme en acciones ejemplares y ejemplificadoras sus cariñosas palabras de perdón. De no ser así, todo esto será letra muerta”.

Cerrado este capítulo, el que viene, que debería ser el último de esta saga, se vivirá también en Roma. En un par de semanas los obispos chilenos se reunirán con el sumo pontífice en un encuentro marcado por las tensiones. Al pedir perdón, a nombre propio y de la Iglesia, el Papa Francisco aceptó haberse equivocado en esta delicada materia. Es probable, aunque inicialmente no trascendieron detalles de lo conversado, que haya recordado su desafortunada frase contra los fieles de Osorno a los que calificó de “zurdos” y “tontos”.

De este modo, por lo menos en lo formal, el Papa despejó una parte de las dudas que suscitó su reacción inicial frente al caso. Pero lo que falta, porque ni Hamilton ni sus compañeros lo han informado si es que se tocó el tema, es qué medidas tomará el Papa respecto de quienes lo indujeron a cometer tan graves errores. Ya lo anticipó en su carta del 8 de abril, cuando convocó a los obispos luego del viaje de Charles Scicluna: “En lo que me toca, reconozco y así quiero que lo transmitan fielmente, que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”.

Ya se sabe que quien informa al Vaticano cuando se trata de nombrar obispos es, en primer lugar el Nuncio, aparte de los obispos y otros dignatarios. No cabe duda de que en la Curia, antes que llegara el Papa Francisco, una voz dominante fue la del Nuncio Ángelo Sodano, en cuyo período en Santiago se designaron 18 obispos, la mayoría marcadamente conservadores. También hay que tomar en cuenta la voz de otros Nuncios, incluyendo destacadamente a Ivo Scapolo, todavía en nuestro país.

¿Qué les dirá el Papa cuando se encuentre cara a cara con ellos, incluyendo los cinco que salieron del entorno de Karadima? ¿Qué decisiones tomará? ¿Tendrá fuerzas para enfrentar a los “envalentonados” conservadores de la Curia, como los calificó el New York Times?

Son preguntas que hasta ahora nadie puede contestar con certeza.

A. S.
04 de Mayo de 2018
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas