Periodismo político

A lo largo de la historia, el periodismo político chileno ha tenido destacados exponentes. Fray Camilo Henríquez fue, sin duda, el primero. A él le siguieron mucho otros, que unían su calidad de comentaristas a la de ciudadanos involucrados en el devenir político. No eran objetivo, pero conocían a fondo los entresijos del devenir público.

En el siglo pasado, junto con la profesionalización del periodismo -escuelas y colegio mediante- emergió una pléyade notable, cuyo más calificado exponente fue Luis Hernández Párker. No fue el único. En las décadas de los 50 y los 70, proliferaron en radio, diarios y revistas y también en la TV universitaria, excelentes informadores y comentaristas cuyas voces se fueron apagando después del 11 de septiembre de 1973.

La mayoría no sobrevivió a los años de la dictadura y no han tenido reemplazantes de su mismo nivel. No han faltado buenos intentos, algunos muy buenos, pero hay una mayoría que profundiza poco y, además, carece de contexto. Son parte de la generación que cree que todo empezó con la llegada de Patricio Aylwin a La Moneda. Las debilidades y deficiencias de los neo-comentaristas se han agudizado en los últimos meses. Da la impresión que muchos no han sido capaces de asimilar el término del sistema binominal y el cambio de las reglas del juego político.

No se entiende, de otro modo, su pobre reacción frente a los nuevos desafíos, la desorientación frente a las nuevas agrupaciones políticas y el desconcierto acerca de sus reales proyecciones. Han aparecido en el escenario dirigentes jóvenes de gran potencial los cuales son menospreciados o son exaltados, indistintamente, más que nada por su lenguaje original, distinto de lo que nos acostumbramos durante décadas. Un caso representativo de esta visión es el de Beatriz Sánchez y de Alberto Mayol. Tiene algún parecido, pero la situación de Alejandro Guillier y los candidatos de la derecha es diferente. Su análisis está basado, sobre todo, en la fe ciega en la voz de las encuestas, su atractivo personal y que no importe la gran oscuridad acerca de sus propuestas. Para los opinólogos de nuevo corte, esto es suficiente. Y, por lo mismo, recién empiezan a valorar la candidatura de Carolina Goic y el gesto del PDC de ir directamente a la primera vuelta.

Es obvio que nadie puede anticipar el resultado en una carrera que apenas comienza. Pero en el caso de la candidata demócratacristiana, la mayoría de los comentaristas desconoce datos esenciales de la historia del PDC y de la Falange. No se considera debidamente el significado del esfuerzo por recuperar los principios que estaban en el certificado de nacimiento del partido. Se ignora que Eduardo Frei Montalva fue derrotado una y otra vez y perseveró y logró triunfar porque tenía una fe profunda en los valores que defendía.

En nuestro tiempo, estas consideraciones parecen pesar poco. Por ello es posible que Carolina Goic no tenga éxito esta vez. Pero el mérito de su irrupción en estos confusos tiempos de Internet, redes sociales y comentaristas poco avezados, es precisamente encarnar valores permanentes y esforzarse por devolver a la política el nivel que nunca debió perder.

Eduardo Frei Montalva creía que “la verdad tiene su hora”. Pero también sabía que hay que saber esperarla.

A. S.
Abril de 2017
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas