Dudas tras las primarias

Una semana después de cerradas las urnas de las elecciones primarias, ¿qué se sabe con certeza? No mucho más de lo que aprendimos esa misma tarde. Sabemos que ganó Sebastián Piñera en la competencia de los candidatos de Chile Vamos. Sabemos que, en la otra vereda, la del Frente Amplio, triunfó Beatriz Sánchez. Un político veterano, por un lado; una periodista novata en lides electorales, por el otro.

Se constató, además, que los votantes superaron los mejores pronósticos de los propios interesados, empezando por Piñera.

Por último, también sabemos que la mejor posibilidad la sigue teniendo Piñera y que la representante del Frente Amplio no es una amenaza ya que un sector importante del electorado, conscientemente o no, siguió la recomendación de Alejandro Guillier y no votó.

Las dudas que no resolvió el ejercicio electoral empiezan por la sorpresa por la gran cantidad de votantes. Otra duda es qué ocurrirá con los adherentes de Manuel José Ossandón quien asegura, con razón, que sus votos no son endosables. También queda pendiente el futuro de los derrotados: Felipe Kast y Alberto Mayol.

Respecto de la abrumadora votación de Chile Vamos se han ensayado diversas explicaciones. Una, no la única, es que al final de la campaña se desplegó un intenso esfuerzo en las redes sociales para advertir que un triunfo de Ossandón pondría en riesgo la candidatura de Piñera. Este llamado -sería exagerado calificarlo de “campaña del terror”- tuvo frutos, incluyendo a quienes no vieron con buenos ojos el intercambio de epítetos y acusaciones en la centro derecha, agravada por el irrefrenable humor machista de Piñera. Un fantasma impreciso como el eventual populismo de Ossandón terminó por sacar d quee sus casas a votantes del barrio alto de Santiago y otras ciudades.

Este hecho pone al descubierto un fenómeno inquietante. Demuestra que los chilenos seguimos política y geográficamente segregados. No es casualidad que en estos mismos días se haya producido una áspera polémica por el futuro de la Villa San Luis en Las Condes. Se trata de un visionario conjunto habitacional que aspiraba a romper la concentración económica y social que se insinuaba hace medio siglo. Proyectado a fines de los años 60, el gobierno de Salvador Allende lo consagró como el emblema de una nueva política habitacional. Después del 11 de setiembre, sus ocupantes fueron expulsados manu militari y los departamentos entregados a suboficiales del Ejército. Finalmente, estos valiosos terrenos fueron vendidos a empresas inmobiliarias que ahora reclaman porque sus derechos habrían sido conculcados.

Terminar con la segregación imperante es una noble aspiración. Pero cuesta erradicarla. Atraviesa nuestras vidas sin que muchas veces nos demos cuenta de ello. Hacerla presente produce molestias. Fue lo que ocurrió en 2003 cuando el jesuita Felipe Berríos habló de las universidades (y colegios) situados sobre la “cota mil” y planteó que sus alumnos se llenan de conocimientos académicos sin que se les muestre la realidad del otro lado de nuestra ciudad.

Las diferentes opciones políticas son legítimas y necesarias en una sociedad democrática. Pero debemos estar alerta cuando ellas se definen exclusivamente sobre la base de la defensa de determinados privilegios.

A. S.
Julio de 2017
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas