Trump, el impetuoso

Cuando asumió la Presidencia de Estados Unidos, el 4 de marzo de 1933, Franklin D. Roosevelt se fijó un plazo de cien días para demostrar su voluntad de cambio. Su “Nuevo trato”, el vasto programa destinado a sacar al país de una profunda crisis económica y social, debía iniciarse sin demora. Y así lo hizo.

Desde entonces, este legendario período se ha convertido en bandera de lucha en todo el mundo. Es el plazo en que cualquier cambio debe iniciarse antes que se agote el entusiasmo de los electores. En octubre pasado, en Gettysburg, Donald Trump, como candidato, esbozó sus planes para los primeros cien días a su llegada a la Casa Blanca: “limpiar” la capital, fijándole límites al Congreso; proteger a los trabajadores e imponer el imperio de la ley. Dijo que con diez proyectos de ley terminaría con el plan de salud de su antecesor (el Obamacare), echaría a andar el muro con México y alentaría la inversión en infraestructura, bases militares y promoción de la libertad de elección de las escuelas.

Como todavía faltaba para la elección, pocos lo tomaron en cuenta. Pero Trump, mejor hombre de negocios que político, triunfó y siguió adelante. Después del 20 de enero empezó a poner en práctica sus ideas.

A algunas les faltaban detalles importantes y otras carecían de apoyo político incluso entre los republicanos. Al muro con México solo lo respaldaron sus partidarios más fanáticos y su intento de cerrar las fronteras a inmigrantes de siete países musulmanes lo llevó a un choque con el poder judicial. En su manejo de las relaciones internacionales ha mostrado ignorancia (se dice que mientras conversaba por teléfono con Putin pidió que le “soplaran” de qué trata el pacto de no proliferación nuclear vigente). Al mismo tiempo, sin embargo, ha mostrado una flexibilidad inesperada: no solo habló con Putin. También lo hizo con el presidente chino Xi Jinping y se comprometió a mantener la política de una sola China que parecía haber descartado.

Antes de cumplir su primer mes en el poder, el nuevo presidente norteamericano ha mostrado sus cartas: su empecinamiento, su desconocimiento en algunas áreas fundamentales y su menosprecio absoluto por las normas básicas de convivencia internacional. Es lo que alienta las especulaciones acerca de que su futuro sea incierto. Pero todavía está lejos de lo ocurrido con dos de sus antecesores sometidos al proceso de impeachment.

Andrew Johnson se mantuvo en el cargo en 1868 porque faltó un voto para la mayoría de dos tercios. Bill Clinton también sobrevivió en 1998, cuando superó varios cargos graves por simple mayoría.

A. S.
Febrero de 2017
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas