La posverdad de Trump

Empezó como un enfrentamiento más entre el Presidente y el periodismo de Estados Unidos. Pero derivó en un choque sin precedentes que hace temer lo peor para el futuro.

Coincidentemente, la Real Academia Española anunció la oficialización del término “posverdad” que apunta al corazón de la dialéctica de Donald Trump. El término, dijo Darío Villanueva director de la RAE, “se referirá a aquella información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público”. Hasta cierto punto, se encuadra en la terminología del “neohabla”, el idioma que introdujo George Orwell en su libro 1984.

En tiempos de Internet, los habitantes de nuestro planeta estamos hablando un nuevo idioma, con profusión de términos similares a los que anticipó Orwell. Es el caso de la posverdad, en definitiva traducible como lo que, hasta hace no mucho, era una falsedad sin atenuantes.

La responsabilidad, aunque no es exclusiva, recae en el uso (y abuso) de las nuevas tecnologías: Internet y redes sociales.

Paradojalmente, el Presidente Donald Trump se ha victimizado en forma reiterada. El miércoles de la semana pasada, tal como ya lo había hecho antes, denunció vía twittter las “noticias falsas de CNN”. Sobre la marcha, apenas 17 minutos después, según Bret Stephens, de The New York Times, nombró los canales NBC, CBS, ABC, The Washington Post y el propio New York Times como propaladores de “puras noticias falsas”. Y, por si el mensaje no fuera suficientemente fuerte, la subsecretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, cuestionó con ayuda de un video “la avalancha constante de noticias falsas” de CNN.

En vez de entrar en un juego de dimes y diretes, el diario The Wshington Post optó simplemente por una réplica frontal. El periodista David Fahrenthold, acusó a Trump de haber falsificado una portada de la revista Time de 2009, que se exhibía como auténtica en los clubes de Trump:

No hubo edición en 2009 en la que Trump estuviera en la portada. De hecho, la portada que se exhibe en los clubes de Trump, observada recientemente por un reportero que visitaba una de las propiedades, contiene varios errores pequeños pero reveladores. Su borde rojo es más delgado que el de una portada genuina de Time, y, a diferencia de una verdadera, no hay borde blanco fino al lado del rojo. Los títulos secundarios de la tapa de Trump se apilan en el lado derecho: en una portada de Time real, irían en lo alto”.

Los comentarios negativos que siguieron, especialmente uno en el programa “Morning Joe” de la cadena MSNBC, no fueron naturalmente del gusto del presidente. En un gesto que sería inimaginable en cualquier otro país del mundo, arremetió ferozmente: “He escuchado sobre la poca audiencia de @Morning Joe, hablan mal de mi (no la vean más)”. Y, sin parar, siguió atacando: a la presentadora, Mika Brzezinski, la trató de “loca, con un débil IQ (coeficiente intelectual)”. También escribió que ella había insistido en verlo pero qué él se había negado porque ella “sangraba abundantemente a causa de una mala cirugía estética facial”.

Y acerca del presentador, Joe Scarborough, tampoco se contuvo: lo calificó de ser un enfermo mental.

Esta pelea -posverdad de por medio- está recién empezando.

A. S.
Junio de 2017
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas