La tragedia venezolana

En opinión del gobierno de Estados Unidos, “la democracia, con Maduro, está muerta”. Con este diagnóstico llegó la semana pasada a la sede de la Organización de Estados Americanos en Washington, el Vicepresidente norteamericano Mike Pence. Su empeño era convencer a la mayoría de los integrantes de la OEA y lograr la suspensión del régimen venezolano. Acusan la ruptura de su orden democrático. Así se planteó en un documento presentado por Estados Unidos, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, México y Perú.

Los firmantes no reconocen los resultados de las elecciones en las que Maduro fue reelegido. Consideran que el proceso fue ilegítimo, y proponen la aplicación de la Carta Democrática Interamericana ante una “alteración del orden constitucional que afecte gravemente” el orden democrático de un Estado miembro.

Varios gobiernos de América Latina (y otros en el mundo entero) consideran que Venezuela dejó de ser una democracia. Comparten el análisis de diversos estudiosos, que el profesor Louis Day ha resumido en pocas palabras: “Más que cualquier otra filosofía, la democracia es la que mejor tiende al desarrollo de ciudadanos que actúan correctamente y contribuye al progreso humano”.

Las autoridades venezolanas, sin embargo, desestiman a quienes los denuncian. El canciller Jorge Arreaza aseguró que en el caso chileno, la democracia no es “un ejemplo” y que “es la Constitución de la dictadura” la que nos rige. Es el mismo argumento de la extrema izquierda chilena. El ex embajador comunista Eduardo Contreras ha insistido en que Venezuela “es una democracia real”. El alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, va más allá: se sorprende ante “el injerencismo de algunos presidentes golpistas de este continente donde cuento al presidente Piñera y a otros que no les gustan las elecciones cuando sus amigos golpistas no pueden participar”.

En 2001, el profesor Day, de la U. de Luisiana, analizó el tema entre nosotros partiendo de la base de que es un problema altamente complejo. En “La ética periodística en el nuevo milenio”, editado por la UDP, sostuvo que “en teoría probablemente estaríamos de acuerdo en algunos ingredientes comunes de la democracia ideal, pero la práctica misma de la democracia refleja las tradiciones culturales de la sociedad en que se inserta (…) Parece evidente que el concepto de democracia resulta, por lo menos, ambiguo y difícil de definir. No consiste en un conjunto de principios científicos que se pueda aplicar de manera sistemática para lograr una sociedad más armónica o más próspera.
Hay, sin embargo, algunos acuerdos menos ambiciosos a los que podemos llegar acerca de las características siguientes de las democracias modernas: sufragio universal; gobierno limitado sujeto al control de la voluntad popular; economía de libre mercado y flujo libre de información, que implica prensa independiente. Aunque se admite que estas características no existen por completo en todos los sistemas democráticos, dependiendo de sus grados de desarrollo, eventualmente se hacen presente en cualquier sociedad comprometida con la democracia
”.

Eso es lo fundamental. Y -claramente- en Venezuela el nivel de compromiso con la libertad individual y la soberanía popular no es suficiente.

Es una tragedia, no un motivo de alegría.

A. S.
08 de Junio de 2018
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas