Crisis en el Instituto

Es, sin duda, un grupo de selección entre los intelectuales chilenos. En el figuran escritores premiados por la crítica y el público; filósofos, pensadores y poetas de relieve internacional; periodistas; pintores, escultores, cineastas y actores; profesores y ex rectores universitarios y ex ministros; distinguidos médicos; historiadores de peso: un cardenal y un Gran Maestro, además de líderes religiosos e ideológicos y científicos del más alto nivel: astrónomos de clase mundial junto a cultores notables de todas las disciplinas del saber.

En este conjunto hay personalidades de todos los sectores políticos y un número importante de quienes vivieron el exilio y que se sumaron a quienes se habían asilado en Chile huyendo de convulsiones europeas. Si estos “pergaminos”, por usar un lenguaje algo anticuado, no fueran suficientes, cuando se habla del Instituto de Chile no se puede dejar de mencionar que, en más de medio siglo, suman cientos sus académicos que se han hecho acreedores a Premios Nacionales.

Su labor es siempre ad honorem, al igual que la Directiva del Instituto. Esta tarea, pese a que siempre ha contado con recursos limitados, se ha desarrollada con una clara visión de las necesidades e inquietudes nacionales. Así, por ejemplo, este año se realizó un ciclo de conferencias acerca del impacto de las nuevas tecnologías en las diversas disciplinas, desde la Medicina a la Cartografía. También se ha analizado a fondo la relación de Chile y el mundo, en especial el Asia-Pacífico. Para 2018 se ha elegido el tema de las migraciones en sus diversas perspectivas. Año a año, este trabajo se refleja en los Anales del Instituto, los Boletines de cada academia y otros impresos y producciones audiovisuales.

El Instituto de Chile ha estado cumpliendo por más de medio siglo (fue fundado en 1964, en el gobierno de Jorge Alessandri) la misión que se le encomendó: ser una corporación sin fines de lucro, apoyada por el Estado para promover “en un nivel superior, el cultivo, el progreso y la difusión de las letras, las ciencias y las bellas artes”.

En el balance se cuentan encuentros de reflexión y asesorías al Estado y organismos públicos y privados. El Instituto y las seis Academias que lo componen (de la Lengua, Historia, Ciencias, Ciencias Sociales, Bellas Artes y Medicina), se relacionan con el mundo intelectual, social y artístico a través de significativas actividades, principalmente conferencias, foros y publicaciones. Un aspecto relevante tiene relación con jóvenes y estudiantes de todo el país, permanentemente invitados al Instituto y que son objeto de distinciones anuales para tesis de grado y doctorado.

Todo esto explica la desazón que hoy se vive en el Instituto de Chile. Tal como se afirmó en una declaración pública, “hemos sido informados de una probable reducción de un cinco por ciento en el presupuesto del Instituto para el año 2018. Este se suma al recorte similar que sufrimos en el presente año 2017, el que nos ha exigido grandes sacrificios y nos ha afectado fuertemente”.

No será fácil superar este duro momento, pero lo que más le interesa a las autoridades del Instituto de Chile, es asegurarse de que no habrá nuevas reducciones en el futuro. Ello pondría en riesgo su existencia misma.

A. S.
25 de Noviembre de 2017
Publicado en los diarios El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas