DOCUMENTO

El caso de la Universidad Iberoamericana.

Columnista invitado: José Miguel Santibáñez
Director Escuela de Ingeniería
Universidad Iberoamericana

Un poco de historia: la Ibero, como la conocemos los que estamos allí, fue creada por Filomena Narváez, una de las más exitosas empresarias de la educación.

Como muchos empresarios, tuvo la capacidad de crear una institución funcional, pero fue incapaz de crear un grupo de trabajo que mantuviera “su legado”.

Cuando en el 2010 ya fue evidente el deterioro de sus facultades, entregó el control de sus bienes a sus hijos varones. Cuando estos (aparte de perder varias propiedades) intentaron declararla interdicta, nombró a su hija Gladys como controladora universal de sus bienes.

La Ibero pasó varias crisis, la pérdida de acreditación del 2013 fue un duro golpe. Ahí Gladys Cárdenas Narváez, tomó el toro por las astas, removiendo parte de la junta directiva y consiguiendo que se nombrara a un nuevo rector de larga trayectoria en educación: Felix Viveros.

Viveros reorganizó la Universidad, redujo la cantidad de facultades y escuelas, limitando así las pérdidas de la Universidad (luego de la pérdida de acreditación, la matrícula disminuyó considerablemente). Además, se fijó la meta de recuperar la acreditación en 2016, la cual se logró gracias a reconocidos buenos resultados académicos, aunque se detectaron "riesgos financieros".

Según informó Viveros, la familia controladora (los cuatro hijos Cárdenas Narvaez) se comprometió ante los pares evaluadores a que si la Universidad lograba acreditar, ellos pondrían MM$ 600 para reducir el problema financiero, permitir la inversión propuesta por Viveros y hacer “despegar” nuevamente a la Institución.

La Universidad se acreditó por 2 años, en octubre de 2016.

En febrero de 2017, según informó Viveros, citó a reunión a la asamblea de socios, para exigir el cumplimiento del compromiso. No hay detalle comprobable de lo sucedido, pero en concreto, Gladys renunció a la asamblea de socios, y por su intermedio también doña Filomena. Quedaron sólo los 3 hijos de ella.

Viveros puso un plazo límite para los primeros días de marzo, en los que se debían aportar un mínimo de MM$ 300. No se hizo, por lo que renunció Viveros y mucha gente ligada a él se autodespidió. A raíz de ello, el MINEDUC inició una investigación.

Durante 2017, Jorge Cárdenas (cara "visible" de los socios) indicó muchas veces que iba a conseguir el dinero. Nunca ocurrió. De paso, se empezaron a agudizar los problemas, sobre todo en la facultad de salud (por el tema de campos clínicos para prácticas). El rector durante todo el año, fue Héctor Jara.

Se hicieron esfuerzos para conseguir préstamos, pero entre la situación económica existente, y que a ninguna institución bancaria le interesa tener como garantías los edificios de una Universidad (porque si hay que liquidarlos, es una pésima experiencia comunicacional, ya que dejan a estudiantes sin tener donde ir a clases), resultaron infructuosos.

La investigación del MINEDUC fue bastante lenta pero concluyente: No hay capacidad financiera para salir adelante. Según algunos, demoró por presiones de año electoral. En concreto, se emitió el decreto de cierre de la Universidad Iberoamericana, a finales de diciembre de 2017. Se buscó un “Administrador de Cierre”, pero el gobierno anterior no lo alcanzó a nombrar oficialmente.

Recién instalado el gobierno del presidente Piñera, en el MINEDUC se encontraron con la “papa caliente” y decidieron mantener el nombre seleccionado. Se envió al CNED, quienes ratificaron a José Jara en el cargo. Se emitió el decreto correspondiente (aunque Contraloría aún no le da el cumplase definitivo)

En concreto, la Universidad no tiene la capacidad financiera necesaria para continuar. Aun cuando los activos (bienes inmuebles legados o vendidos por doña Filomena y su hija Gladys) superan las deudas de la institución, es claro que antes, venderlos no era la solución para seguir adelante (se necesitan para hacer clases), pero desde el decreto de cierre, la situación es diferente. Se sabe que la Universidad deberá cerrar el 31 de enero de 2021. Quizá uno o dos años después si hay que dar salida a todos los estudiantes (quienes mayoritariamente NO quieren ser reubicados, según indicaron en encuestas internas) pero claramente los edificios serán cerrados (alguno antes, en la medida que los estudiantes terminen sus carreras), por lo que, con un poco de buena voluntad, un inversionista (público o privado) podría adquirir los inmuebles (ubicados en el centro de la capital) y obtenerlos en un plazo de pocos años. Pero ha faltado voluntad. Incluso algunos posibles compradores, han intentado aprovechar la situación, sea para comprarlos a “precio de huevo”, o para forzar un abandono inmediato.

Por otra parte, al Estado le ha faltado voluntad. Por una parte, en el presupuesto nacional hay un ítem asociado a ayudar, específicamente, a los estudiantes de las Universidades del Mar (que ya no debiera quedar ninguno) y Arcis. Pero dicen que esos montos NO se pueden tocar para los estudiantes de la Iberoamericana, pues la glosa es específica para las universidades nombrada. Con becas de continuidad de estudios como la de los estudiantes Arcis, habría un flujo de ingresos garantizados que permitirían iniciar el año académico (aun quedando pendiente el pago de deudas anteriores). Pero si el año académico no se inicia, entonces la situación es insostenible. No habrán ingresos (sea que los estudiantes tengan becas, cae o paguen, nada ingresa si no hay clases) Y peor aún, los fondos CAE anteriores, debieran ser reembolsados por la Universidad a las instituciones que los entregaron.

El ministro ha señalado que quieren reubicar a los estudiantes, pero hay dos problemas:

a) la mayoría no quiere reubicación.

b) los semestres académicos de otras instituciones ya están terminando. Por lo que es imposible que recuperen el semestre actual en otra institución.

Hoy, los estudiantes tienen tomadas las sedes de la Universidad, y los funcionarios están de paro. Todos tienen el mismo objetivo: Que las clases se inicien y se proceda con los pagos de lo adeudado.

¿Cómo se soluciona el problema?

Lo más fácil, es que el Estado avale a la Universidad para obtener un préstamo bancario a bajo interés, contra la garantía de los edificios (que se venderían o entregarían a lo más en 5 años, asumiendo 2 de extensión al plazo actual de cierre).

Si el Estado se quisiera poner más las pilas, entonces podría iniciar un proceso de expropiación de la parte de uno de los inmuebles que aún pertenece a la inmobiliaria de la familia, que son los que causaron el enorme perjuicio a los estudiantes (y ahora el problema al Estado)

Además, con voluntad política, se puede redefinir la glosa del ítem presupuestario de los estudiantes Arcis, para que se haga extensivo a los estudiantes de la Iberoamericana. (el cálculo preliminar es que el monto es más que suficiente)

La Universidad está en condiciones de iniciar su año académico, bajo la premisa de que se les pague a los profesores. Muchos están dispuestos a esperar un poco respecto de la deuda anterior, pero exigen (con toda justicia) que se les paguen las clases que dictarán este año.

Pero como están las cosas, la crisis sólo se agudizará si no hay un compromiso real del Estado (Gobierno y Congreso) para dar una solución oportuna. Tanto el Administrador de cierre, como los académicos hemos hechos varios intentos de llegar a unos y otros, pero en definitiva “nos dan largas”, y por el otro lado, están los distintos acreedores quienes, idealmente, quisieran liquidar rápidamente los bienes de la Universidad para obtener el pago de sus deudas.

En definitiva: se necesita una solución ahora.