Editorial:

¿Otro desvarío de Pinochet?

Santiago, 15 de Setiembre de 2003

Por años, el más grave problema de Chile fue el general, entonces activo (y muy activo) Augusto Pinochet. Hoy, en cambio, es el gran problema de un sector específico que lo apoyó con fervor mientras estuvo: la derecha. Si sus dirigentes se muestran distantes, como ha ocurrido con algunos, les llueven las críticas: unos no creen en su sinceridad, otros le reprochan la deslealtad.

Pero tampoco es fácil estar junto al viejo general que sigue disparando andanadas verbales con la misma confianza que lo hacía en el interior del Club de la Unión cada año, convencido de que le hablaba en confianza sus íntimos.

Este septiembre, cuando La Tercera dio a conocer sus dichos a su amigo norteamericano James Whelan, formulados hace un par de años, volvió a poner en aprietos al entorno inmediato de Pinochet. El despectivo trato dado a los ex Presidentes Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, aparte de otras descalificaciones a otros líderes políticos, parecía imposible de defender. Cuando el senador Jovino Novoa lo intentó fue peor: en buen chileno, lo que dijo fue que las palabras de Pinochet eran “las del picado”: “pudo haber tenido quizás reacciones duras pero explicables por el momento que estaba viviendo”.

La debilidad profunda de la explicación de Novoa es no asumir la tesis oficial del pinochetismo: que su líder está demente o, por lo menos sufre ataques frecuentes de demencia y, por lo tanto, más que resentido, lo que justificaría su salida de madre serían esos pequeños accidentes vasculares que han minado su salud y lo han puesto fuera del alcance de toda justicia terrena. El Pinochet que emerge de ese retrato apenas bosquejado por el senador de la UDI es, en cambio, el mismo personaje cargado de rencores que hace 30 años ofrecía embarcar al Presidente Salvador Allende en un avión del cual más tarde se caería por accidente... igual como ocurrió con cientos de detenidos hechos desaparecer, o que nunca aceptó negociar mientras estaba sitiando La Moneda.

Los 30 años no han pasado en vano por Chile. Pero, por lo menos hasta hace dos años Augusto Pinochet daba señales de mantener intacta su visión, igual como en tantos episodios históricos anteriores.

El que trata de “desgraciado” a Patricio Aylwin, y de “inofensivo” a Eduardo Frei Ruiz-Tagle, es el mismo que aseguraba, luego de haber perdido el plebiscito de 1988 que, en una ocasión similar, entre Jesús y Barrabás, el pueblo judío había preferido a Barrabás. En otras palabras, que los perdedores –Jesús y Pinochet- eran perfectamente homologables: dos hombres buenos injustamente condenados por la ciudadanía.

Abraham Santibáñez

Volver al Índice