Editorial:

La feria de los auto-premios

Santiago, 26 de Febrero de 2017

Los plutócratas son impopulares en muchos lugares, pero los chilenos parecen considerarlos con especial recelo”. Así lo afirmó The Economist en una edición reciente en la cual analizaba "Por qué a los chilenos no les gustan los líderes de negocios". Pone, como ejemplo, los golpes que recibió Andrónico Luksic al salir del tribunal tras ganar el juicio en contra del diputado Gaspar Rivas.

Uno de los aspectos que destaca el semanario es que sólo el cinco por ciento de los chilenos considera la distribución del ingreso en el país como 'regular' o 'muy justo', la proporción más baja de América Latina. "Esto es, precisamente, porque los chilenos pueden ver lo rico que su país -por los Porsche y Maserati que circulan en las calles de algunas zonas-, ellos están enfadados por la forma cómo se reparte esa riqueza", afirma Marta Lagos, de Latinobarómetro. Y hace el contraste con la situación de Luksic: “Muchos chilenos piensan que las sociedades del señor Luksic, junto con todos los negocios de Chile, deben pagar impuestos más altos. Su banco (el Banco de Chile) hizo un gran préstamo a una empresa de propiedad de la nuera de la Presidenta de Chile después de reunirse con ella (...) Tales conexiones alimentan las sospechas de los chilenos de que las grandes decisiones son tomadas con una botella de Carmenère o en un juego de golf”.

The Economist recuerda, además, “la colusión de las farmacias y las productoras de pollo, y el comentado regalo de la muñeca inflable que le hizo Asexma al ministro de Economía”.

Aunque la revista británica no lo menciona, hay un dato que confirma su duro diagnóstico: la forma cómo la elite económica (y social) de Chile se trata a sí misma. Por ejemplo, cuando de galardones se trata.

El trágico accidente de un bus que venía a exceso de velocidad, desde Mendoza, conmovió a nuestro país. Los sobrevivientes insisten en que alertaron del peligro al conductor. Sólo una investigación policial podrá determinar exactamente qué pasó.

Es necesario agregar un ángulo preocupante en esta historia,

Hace apenas unos meses, la familia Diez-González, propietaria de la empresa, recibió el premio a la Familia Empresaria del año 2016 que entrega la Universidad de Los Andes a las compañías que más aportan al desarrollo del país. Es discutible, a la luz de la información actualmente disponible que la empresa tenga méritos suficientes para este galardón. Primó, al parecer, la historia de sacrifico y tenacidad del fundador de la compañía, Jesús Diez Martínez un inmigrante nacido en La Rioja, España.

Al comentar el último accidente, el diario La Nación de Argentina, recordó tanto el galardón como el poco afortunado historial de Turbus: “Posee más de 700 buses y 1.200 con todas las filiales, sin contar los de carga. A un año de cumplir 79 de historia, el holding tiene más de diez filiales que cubren servicios de carga y de pasajeros en Chile, de Arica a Puerto Montt, y recorridos hacia el extranjero. Incluso Turbus tuvo una incursión en el transporte aéreo de pasajeros con la flota Avant Airlines, pero duró solo cuatro años a comienzos de milenio…

Con ellos trabajan más de nueve mil personas. El último accidente comparable en magnitud con el de esta madrugada en el cruce de Mendoza a Chile fue el año 2010 en la Autopista del Sol, una ruta que une Santiago con la costa central del país. Un bus repleto chocó con un camión, murieron 20 personas y el caso terminó en tribunales. El hijo del chofer se disculpó en público con las familias de los fallecidos, se suspendió hasta el año pasado el servicio de la empresa en ese tramo, se levantó un memorial en el lugar de la tragedia, se formó una agrupación de víctimas y el caso llegó a la justicia.

Ese mismo año, con 218 multas, Turbus fue la empresa de colectivos más sancionada por la Dirección del Trabajo, principalmente por no respetar el horario de labores de sus conductores. En el año 2005 ya había obtenido la misma denominación. Otro accidente que aún es recordado es el de 2006, al sur de Santiago, en el río Tinguiririca. Entonces murieron 26 personas luego de que un bus volcara de madrugada en la principal carretera de Chile.

En varias ocasiones los líderes sindicales de Turbus han reclamado públicamente por las jornadas laborales largas y agotadoras de los conductores, versus las pocas horas de descanso. En 2012 denunciaron que algunos trabajaban 16 horas continuas al volante en los tramos del norte de Chile”.

No era así al comienzo de la empresa, hace casi 70 años.

En 1948, manejando una “góndola” Fargo, don Jesús empezó a recorrer las comunas de Rancagua, Graneros y Mostazal. Su esfuerzo y sacrificio personal permitieron un crecimiento sin precedentes. A su muerte, recibió el reconocimiento y el cariño de sus empleados, choferes y administrativos. Con los años, sin embargo, esta relación parece haberse perdido.

En los últimos años ha habido otras empresas premiadas por distintas organizaciones empeñada en destacar valores y méritos de sus asociados. Desde el punto de vista de las relaciones públicas es una iniciativa encomiable, destinada a destacar el rol social de los empresarios y su papl positivo en la comunidad. Pero no siempre los premios resultan merecidos como se puede apreciar en el caso de las varias colusiones -de farmacias, de pollos y hasta de papel higiénico, por ejemplo- o las estafas denunciadas contra financieras que gozaban de buena imagen y cuyos responsables eran invitados habituales en programas de radio y TV.

La falta de cuidado al asignar distinciones o el descuido periodístico al elegir vocerías, podría estar detrás de la desconfianza creciente frente a la clase empresarial chilena que tan crudamente ha planteado The Economist.

Abraham Santibáñez