Editorial:

En el mes de la Patria

Santiago, 01 de Octubre de 2017

Pasó septiembre y su inevitable carga de luces y sombras. Tuvimos festejos y dolores. El comienzo de la campaña electoral no ha mostrado certezas: las encuestas siguen en lo mismo, más que nada sembrado dudas.

Lo que sí se advierte es la confirmación de lo que se veía venir: el emponzoñamiento del clima.

Para Fiestas Patrias se pudo apreciar que incluso el ámbito religioso está expuesto al virus de la polarización. La voz oficial de los evangélicos, por lo que se pudo ver en su Tedeum, no ha resistido el influjo de la derecha más cavernaria según definió acertadamente Mario Vargas Llosa. Hasta ahora no se percibe que haya un esfuerzo convincente por tomar distancia en los sectores protestantes que no comparten el estilo destemplado visto en el templo de la Alameda. Hay, felizmente, indicios positivos, pero no suficientes.

Distinta, en cambio, fue la actitud católica. Pese a que se había insinuado un clima difícil -que movió probablemente al candidato Piñera a ausentarse con una excusa impropia de un hombre público- el encuentro presidido por el Cardenal Ezzati y secundado por diferentes líderes religiosos de un amplio espectro, fue una fiesta cívica y moral. Hubo, como era inevitable, toma de posiciones en temas éticos y morales. Pero, sobre todo, se vivió un ambiente de respeto y anhelo de celebrar dignamente la patria de todos.

El virus, sin embargo, no ha desaparecido.

Nada más revelador que la muy desafortunada afirmación de la candidata UDI Loreto Letelier acerca del Caso Quemados: Rodrigo Rojas De Negri y Carmen Gloria Quintana. En Facebook afirmó sin vacilaciones que “está sumamente acreditado que los quemados llevaban bombas molotov dentro de sus casacas y explotaron antes de lanzarlas en sus cuerpos. Ellos mismos se quemaron antes de poder lanzar las bombas a un carro de uniformados”. “Los terroristas se quemaron a sí mismos, consta de la autopsia”, agregó en Twitter.

No es solo una brutal falta de sensibilidad. Es una torpe manera de encarar el debate político, agravada por su insistencia en que había leído el expediente y que fue alumna del presidente de la Corte Suprema.

Por desgracia, Loreto Letelier no es la única empecinada en leer la historia a su manera.

Abraham Santibáñez