Editorial:

Deseos de año nuevo

Santiago, 31 de Diciembre de 2017

El sábado pasado, intentando hacer un recuento del año, en radio Bio-Bio se preguntó a los auditores acerca de “lo bueno y lo malo: lo bonito y lo feo” del año 2017.

La primera respuesta la dio una radioescucha de voz agradable y tono compuesto que aseguró enfáticamente lo mejor del año había sido la elección de Sebastián Piñera. Reforzó sus argumentos con alusiones al aumento de la delincuencia, la corrupción y la incapacidad del candidato rival.

Por un momento pensé que luego vendría una avalancha de opiniones similares.

No fue así. Las siguientes diez opiniones -más tarde el resultado puede haber sido diferente- revelaron un abrumador rechazo a considerar el resultado electoral como lo mejor del año. No faltaron, en esa línea, algunas voces hirientes y destempladas

La muestra no es representativa: recordemos que los comicios, con una gran abstención, favorecieron con más de la mitad de los votos al Presidente electo. Pero es una tendencia que si debemos mirar con preocupación pues refleja un profundo quiebre en la sociedad chilena. Es, creemos, el fruto de un debate en el cual no ha primado la racionalidad sino la pasión sin freno, característica del tiempo de las redes sociales y la posverdad.

El desafío para el próximo gobierno no es solo para quien triunfó en la elección. También Alejandro Guillier habría tenido grandes dificultades.

Es necesario reiterar, en consecuencia, que el verdadero problema consiste en resituar el debate, tratar de comprender los efectos de los grandes cambios sociales derivados de las nuevas tecnologías y las facilidades de la comunicación instantánea, desafortunadamente casi siempre anónima.

Chile necesita mirar el año que se inicia desde una perspectiva positiva. Las casi tres décadas desde el fin de la dictadura nos obligan a creer que el avance económico y la democracia con igualdad no son incompatibles.

Es nuestro mejor deseo para 2018.

Abraham Santibáñez