Editorial:

Las cifras nunca son inocentes

Santiago, 28 de Enero de 2018

En breve lapso, después de su denuncia de manipulación de datos del Banco Mundial, el economista Paul Romer, se vio obligado a renunciar. “Fue mi culpa porque no hicimos las cosas lo suficientemente claras”, reconoció.

El ministro de economía chileno, Jorge Rodríguez, sostuvo que la explicación dada por Romer fue “muy franca y honrada”, pero revelaba “un escándalo: El ranking habría sido manipulada por el economista a cargo de su construcción, de manera de hacer ver un deterioro económico durante el gobierno de la presidenta Bachelet, con intenciones básicamente políticas”.

Casi desde el comienzo Romer intentó explicar que había sido mal interpretado, pero la versión inicial de The Wall Street Journal, periódico especializado en los tremas financieros no dejaba dudas: “El Banco Mundial cambió repetidamente la metodología de uno de sus indicadores estrella durante siete años de manera que ahora reconoce era incorrecta y engañosa”.

Para nuestro país, lo más grave sigue siendo lo que entonces comentó el diario El País, que “la publicación… reconocía que el organismo internacional había alterado su ranking de competitividad empresarial en desmedro de Chile y, específicamente, del gobierno de Michelle Bachelet”.

En estos 12 años, Chile ha fluctuado conforme el índice Doing Bussines, entre el puesto 25 y el 57. Las variaciones se habrían producido “debido a motivos políticos”, según las palabras de Romer al WSJ. “Quiero disculparme personalmente con Chile y cualquier otro país donde hayamos transmitido una mala impresión”, indicó.

El gobierno chileno reaccionó con energía y ello concluyó con una investigación interna todavía en curso y la renuncia inmediata de Romer.

No faltaron sin embargo quienes, desde el comienzo le bajaron el perfil a las declaraciones de Romer. Su tesis es que este índice no es tan significativo y no habría tenido impacto alguno en las inversiones.

Ello parece curioso. Si así fuera, ¿para qué hacer el ranking?

En rigor nunca se sabrá exactamente el efecto de este juego de cifras. La disminución de la inversión en el régimen de Michelle Bachelet es un hecho. Lo que debería dilucidarse es en cuánto influyeron distintos factores, sin dejar de considerar las versiones vociferantes que se emitieron sobre todo después de la desafortunada expresión de “la retroexcavadora”.

Solo queda reiterar algo ya dicho en un comentario anterior: las relaciones internacionales, más allá de cualquier formulación explícita, incluyendo las bravuconadas de Donald Tump, casi nunca pasan actualmente por los campos de batalla. Se libran, en cambio, en oficinas burocráticas de inofensiva apariencia.

Abraham Santibáñez