Editorial:

Sensibilidad y oportunidad

Santiago, 11 de Marzo de 2018

Le preguntaron al coguionista de Una Mujer Fantástica, Gonzalo Maza, si ganar el Oscar estaba dentro de los objetivos al concebir la película. Respondió que no: “Siempre el objetivo primario es otro, es apelar a una identificación y apelar a que lo que estamos viendo en una historia, a uno le remueve algo”.

Es evidente, sin embargo, que en esa búsqueda de “una identificación”, los creadores de la cinta tomaron un tema de actualidad, tanto en Chile como en el resto del mundo, le fueron dado forma a lo largo de un par de años y coronaron el esfuerzo con la protagonista perfecta. No es una producción autobiográfica, aunque tiene mucho de la vida de Daniela Vega pero es, sobre todo, una dramática y conmovedora historia en torno a un problema sumamente actual.

El fondo del asunto es la revisión de valores, especialmente en materia sexual, que se vive en el mundo entero. En el último tiempo los medios han informado, como nunca antes, de los abusos de poder machista en el mundo del cine y la TV. Pero también se ha discutido, como ocurrió en Chile junto con la llegada del Papa Francisco, de la responsabilidad de sacerdotes e incluso obispos, de violencia sexual contra niños y jóvenes, a lo que hay que agregar -en un plano diferente, pero igualmente doloroso- los excesos denunciados en el Sernam.

Nuestra sociedad moderna está traspasada por graves insuficiencias morales. La pregunta es si se trata de situaciones nuevas o, como creemos muchos, es que la tecnología -videos, grabaciones ocultas- se ha limitado a mostrar con crudeza viejas realidades.

Una mujer fantástica no es un compendio apocalíptico de temas que se han hecho visibles de manera estremecedora. Es, simple y complejamente a la vez, el relato de una situación que se prefería ocultar, ignorando el sufrimiento de quienes perciben que su cuerpo y su sensibilidad no coinciden. La transexualidad ha sido mirada a lo largo de la historia como un fenómeno de circo o como una enfermedad vergonzosa. Como quiera que sea, sobre todo se generan dolores profundos y crisis familiares y sociales.

El mérito de esta película es haber enfrentado, sin sensacionalismo, esta realidad. No es un panfleto. Tampoco una maniobra para lograr un Oscar.

Abraham Santibáñez