Editorial:

Cuidar el lenguaje en los debates

Santiago, 08 de Abril de 2018

Las desafortunadas expresiones del Cardenal Ezzati respecto de la identidad de género, equivalen al lanzamiento de una bomba de racimo contra un grupo de manifestantes. En tiempos de redes sociales enardecidas, en que cualquier diálogo civilizado es extremadamente difícil, ya se sabe que hay que cuidar las palabras.

Se trata, en este caso, de un problema controvertido, donde todas las opiniones tienen cabida. El tema de fondo no surgió recién. Disforia de género se define como “una condición en la cual el paciente siente que su identidad de género es una discrepancia con su sexo biológico real”. Lo novedoso es su debate público que ha llegado hasta la discusión de una ley en el Congreso. Antes hubo otros temas valóricos en la palestra: el divorcio o el aborto (eufemísticamente llamado “interrupción del embarazo”) por tres causales. Y, mucho antes, se debatió acerca de si eran aceptables los cementerios laicos o si correspondía el despectivo trato de los hijos naturales, los “huachos”.

Es que, como en todos los ámbitos de la vida en sociedad, permanentemente se han producido cambios profundos en las percepciones y en la manera de tratarlos.

Cualquiera sea la postura de quien emite una opinión en estos casos, lo básico es, obviamente, el respeto de las personas. Precisamente el gran reproche que se hace al abuso en esta materia en las redes sociales es la facilidad con que se descalifica brutalmente al que piensa distinto.

Combatir estos excesos y errores nunca ha sido tarea fácil. Hay usos y tradiciones que vienen del pasado y que por ello cuesta erradicar.

Por eso, justamente, lo entendemos como una tarea de todos pero, en la cual obviamente las autoridades -políticas, sociales o religiosas- tienen una mayor responsabilidad.

Y no basta con decir que “mis palabras fueron mal interpretadas”. Un líder social debe ser, en primer lugar, un maestro.

Abraham Santibáñez