Editorial:

En defensa del anonimato

Santiago, 9 de Septiembre de 2018

La decisión el diario The New York Times de publicar una columna de opinión de un alto funcionario del gobierno de Donald Trump sin identificarlo, ha generado una polémica sin precedentes. El principal involucrado, el presidente de Estados Unidos ha exigido que se dé a conocer el nombre del “traidor”.

El tema es de la mayor relevancia ya que no pocos comentaristas señalan que la crisis generada por el jefe de estado norteamericano pone en serio peligro la democracia de su país.

La decisión misma del diario neoyorquino ha provocado igualmente un intenso debate.

En esta edición se reproduce el comentario en cuestión, lo que permite apreciar la gravedad de las acusaciones que se formulan contra Trump. Algunas observaciones medulares son las siguientes:

Desde la Casa Blanca hasta los departamentos y las agencias del poder ejecutivo, los funcionarios de alto rango admitirán en privado su desconfianza diaria ante los comentarios y las acciones del comandante jefe. La mayoría está trabajando para aislar sus impulsos de sus caprichos.
Las reuniones con él se descarrilan y se salen del tema, él se involucra en diatribas repetitivas y su impulsividad deriva en decisiones a medias, mal informadas y en ocasiones imprudentes, de las que posteriormente se tiene que retractar.
"En verdad no hay manera de saber si cambiará de opinión de un minuto a otro", se quejó hace poco ante mí un alto funcionario, exasperado por una reunión en el Despacho Oval en la que el presidente realizó cambios en una importante decisión política que había tomado solo una semana antes.

No son revelaciones totalmente nuevas. Lo que las hace de tan alto impacto es que su autor trabaje dentro de la propia Casa Blanca, según se dice, y que ahí tenga un alto cargo. Son muchas otras las denuncias que se podrían sumar, incluyendo la atención permanente de The Washington Post respecto de las mentiras completas o parciales en que incurre permanentemente el presidente Trump. Esta preocupante visión es la que en definitiva movió a los directivos de The New York Times a asumir la responsabilidad de dar a conocer el comentario.

Es evidente que no se trató de una decisión fácil y por ello ha sido cuestionada editorialmente en diversos medios, incluyendo El Mercurio aquí en Chile.

Esto último es una paradoja, ya que el Decano de la prensa nacional sentó en el pasado un poderoso precedente con la carta del “Coronel N. N.”, que se publicó con la autorización del director el 13 de julio de 1967. En ella, un oficial no identificado hacía ver la precariedad de las rentas de los militares, anotando que existía “efervescencia en la oficialidad joven”. El recordado periodista René Silva Espejo, enfrentó entonces a la Corte Marcial en la defensa del secreto profesional.

Habla bien de los tribunales que haya sido absuelto de cargos. Y, por cierto, muy bien de la valentía y el sentido del deber de don René.

Abraham Santibáñez