Editorial:

Años sin poesía

Santiago, 10 de Marzo de 2019

El balance del presidente Piñera del primer año de su segundo gobierno, peca de optimista. Aunque se insiste en que está poniendo en práctica lo que aprendió la vez anterior, sigue siendo víctima de impulsos en materias internacionales de dudosos resultados, como fue la aventura en Cúcuta o la inconsulta propuesta de Prosur; o de sus obsesiones permanentes, como ha sido la constante y muy personalizada crítica a Michelle Bachelet.

El sillón presidencial siempre genera ventajas para quien lo ocupa: da extrema visibilidad, siempre hay un micrófono delante y todo queda registrado. El riesgo es que, además de algunas salidas de protocolo, puede crear percepciones equivocadas, Se puede terminar imponiendo la autorreferencia y una cierta insensibilidad.

El mejor ejemplo, sin duda, es la política internacional de La Moneda.

La Constitución chilena establece que dicha política la dirige exclusivamente el Presidente de la República. Él nombra libremente a los embajadores, desde hace décadas no tiene que pedir permiso -salvo al final de su período- para viajar fuera de Chile. Los tratados y convenios deben ser ratificados por el Congreso, pero la iniciativa es también una facultad exclusiva del Jefe de Estado. En este primer año de gobierno, por iniciativa del Presidente, Chile no ratificó en Marrakech el primer acuerdo global para ayudar a aprovechar los beneficios de la migración y proteger a los inmigrantes indocumentados. Nos sumamos en cambio a la reticencia de una docena de países a pesar de que el documento no es vinculante y respeta la soberanía de los Estados.

Mientras se pone énfasis en Prosur, que sigue generando dudas, la mirada del gobierno se ha centrado en el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico, APEC. Ya se han realizado diversos encuentros preparatorios para la cita en Santiago, en noviembre próximo.

Este Foro está centrado en el crecimiento económico, la cooperación, el comercio y las inversiones en la región de Asia Pacífico. Lo integran Australia; Brunei Darussalam; Canadá; Chile; República Popular China; Hong Kong, China; Indonesia; Japón; República de Corea; Malasia; México; Nueva Zelanda; Papua Nueva Guinea; Perú; República de Filipinas; Federación Rusa; Singapur; China Taipei ; Tailandia; Estados Unidos de América; y Viet Nam.

No caben dudas acerca de su importancia. Pero así como un ministro -puede haber otros- se enorgulleció públicamente de no leer novelas, es evidente que este importante Foro deja de lado otros aspectos de fondo que por tradición han sido parte fundamental de la política exterior chilena.

Resulta preocupante esta visión parcializada de la vida, tanto nacional como internacional. Al ministro de Economía no le importó saltarse el hecho de que su colega en el gabinete, el canciller, Roberto Ampuero, es un autor conocidos por sus obras de ficción. Es probable que tampoco esté en su órbita -y puede que lo compartan más funcionarios del mismo rango- el gusto por la lectura de poesía. Ello es todavía más preocupante, ya que, mal que mal nos dio dos Premios Nobel en el siglo pasado.

Este distanciamiento de las bellas letras, no tiene que ver solo con la política internacional. Toda la gestión del gobierno, excepto algunas alusiones epidérmicas de tiempo en tiempo, está marcado por el mismo signo.

Ya pasó un año. Lo más seguro es que los próximos tres, estén bajo el mismo signo.

Abraham Santibáñez