Hora de recomendaciones

Marzo, el primer mes de su segundo año de gobierno empezó con un notorio aumento de las críticas al Presidente Piñera. Lo más serio es que a su fin, la popularidad del Jefe de Estado, pese a una frenética serie de anuncios, había caído sistemáticamente.

Han recrudecido las observaciones negativas a su estilo de conducción, considerado demasiado individualista, a menudo, improvisado. Pero, también, como ocurrió el miércoles pasado, a oficialistas y opositores, les molesta su sentido del humor. A propósito del test de drogas promovido por un grupo de parlamentarios, saltó a la palestra el tema de los exámenes sicológicos. El presidente sostuvo, en tono de broma según él, que si se sometiera al test a senadores y diputados, “ahí me podría quedar sin Parlamento”. En el registro hay otras salidas de libreto que superan las “piñericosas” de su primer gobierno.

De manera simultánea, apareció en el discurso oficial una faceta que el profesor Robert Funk, de la U. de Chile, llamó en la revista Capital: “el caso del anti-intelectualismo”.

La mejor demostración de esta postura la dio la vocera de gobierno, la ministra Cecilia Pérez. En el debate sobre la rebaja de la edad para someter a control de identidad a los menores ella quiso rebatir algunas opiniones de entendidos. Sostuvo taxativamente que: “Muchas veces los argumentos académicos no logran ver la realidad, no logran saber lo que siente un vecino y no sintonizan con lo que sufren las familias chilenas”.

Funk ve en esta postura, que califica de anti-intelectual, una semilla de populismo.

En ese contexto, el Presidente pondera su trabajo haciendo ver que no es fácil. En una entrevista en TVN planteó que “si uno quisiera enfrentar cosas fáciles en la vida, jamás hubiera postulado a ser Presidente, ser Presidente es muy difícil, pero lo que tengo claro es que no porque hay dificultades o piedras en el camino, vamos a tirar la toalla antes siquiera de empezar”.

No es el primero que lo dice. Arturo Alessandri Palma calificó La Moneda como “la casa donde tanto se sufre”. Incluso la Casa Blanca, que se ve tan atractiva, no despierta tanto entusiasmo como podría creerse. El general William Sherman rechazó de plano la insinuación de que fuera candidato en 1884: “Si tuviera que elegir entre la penitenciaría y la Casa Blanca por cuatro años, yo diría: ‘la penitenciaria, gracias’”.

Hay quien cree, sin embargo, que el desafío es superable. Allá y acá.

En 1993, el economista norteamericano Peter Drucker resumió en seis puntos sus “consejos para ser un buen presidente”. Pensaba, como es obvio, en Estados Unidos. Sin embargo, como está dicho, el análisis va más allá de dicho país.

¿Cuáles son estas seis recomendaciones?

1.- Preguntarse qué hay que hacer. “Un presidente no debe hacer lo que obstinadamente quiere hacer, aunque fuera el punto central de su campaña”.

2.-Debe concentrarse, no diversificarse.

3,. Jamás apostar por algo seguro.

4.- Un presidente eficaz no debe microadministrar,

5.- Un presidente, sabe, no tiene amigos en el gobierno.

6.- ¿Y la sexta regla?
Responde Drucker a modo de conclusión: “Es el consejo que le dio Harry Truman a John F. Kennedy cuando recién había sido elegido: "Una vez que fuiste elegido, deja de hacer campaña"”.

Alguien, tal vez, debería revisar estas recomendaciones. Y aplicarlas.

A. S.
05 de Abril de 2019
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas