Inmigrantes y periodismo

Es imposible imaginar lo que sería el periodismo en Chile sin Lenka Franulic, José María Navasal, Hans Ehrmann ni Isidro Corbinos; la historia sin Leopoldo Castedo; la salud pública sin el Dr. Juan Noé que controló la malaria en Arica, o sin el Dr. Fernando Monckeberg, que encaró con éxito la desnutrición infantil. Junto a ellos hay una legión de chilenos cuyos padres o abuelos llegaron como inmigrantes a nuestras costas. Lenka tenía sus raíces en Croacia, Isidro Corbinos en España, igual que Castedo que llegó a bordo del Winnipeg. Los ejemplos se multiplican.

Entender esta realidad y explicar su significado es lo que ha estado haciendo este año el Instituto de Chile.

No es un ministerio. Tampoco una universidad. Pero comparte responsabilidades con cualquiera de dichos organismos. La ley que lo creó, en 1964, le dio como tarea “promover, en un nivel superior, el cultivo, el progreso y la difusión de las letras, las ciencias y las bellas artes”.

Como parte de ese mandato, el Instituto ha centrado este año su preocupación en los inmigrantes. Es, sobre todo, una mirada positiva. Cuando se insinuaban problemas de salud pública por la llegada masiva de inmigrantes de Haití, Venezuela o Perú, un grupo de académicos, liderado por el Dr. Rodolfo Armas Merino, mostró la otra cara de la medalla: “Si no fuera por los médicos que han llegado como inmigrantes, la atención primaria estaría colapsada en Chile”, explicó.

Es que, aunque es difícil verlo a corto plazo, los inmigrantes no solo traen problemas (de adaptación, de salud, de educación o de vivienda), sino que han hecho o pueden hacer aportes significativos.

En el periodismo, hay muchos nombres ilustres. Periodistas peruanos fueron lo que le dieron vida a Ercilla en la década de 1930. Más tarde se sumaron algunos llegados en el Winnipeg. Pero también hay un periodismo distinto: el periodismo creado por las “colonias”. Los primeros alemanes, que trajo Vicente Pérez Rosales en el siglo XIX, han dejado una huella profunda en nuestra sociedad y en las comunicaciones.

Un inmigrante alemán, Gustavo Helffmann, creó en Valparaíso el primer periódico en inglés. Hubo otros seguidores, hasta llegar a The South Pacific Mail, que tuvo larga vida. Pero, aunque hemos tenido periódicos judíos, españoles, italianos y en alemán, los más destacado son los medios croatas y los árabes, especialmente palestinos.

La suya ha sido una saga heroica. Los croatas han hecho lo mismo que todos los inmigrantes: informar a sus compatriotas para que se pudieran asimilar mejor. Hasta hoy en Male Novine, “Pequeño periódico”, asentado en Punta Arenas mantienen viva la imagen del país de origen, incluyendo datos históricos, turísticos y gastronómicos. Pero también dan cuenta de las actividades sociales de la colectividad, incluyendo, este año, visitas ilustres como la presidenta Kolinda Grabar-Kitarović.

Parecida es la situación de la prensa árabe, que partió como una manera de unir a los inmigrantes y mantenerlos informados de la situación en Medio Oriente. En la actualidad se han centrado en el conflicto palestino, pero, como hizo notar la historiadora Antonia Rebolledo, buena parte del esfuerzo árabe ha sido tratar de convencer a los chilenos de que, a pesar del pasaporte del imperio otomano con que llegaron sus abuelos, no son turcos. Nunca lo fueron.

A. S.
Octubre de 2018
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas