Días de Nota y Plagio

Columnista invitado: Juan Gargurevich.
jgargure@pucp.edu.pe
Periodista y profesor universitario peruano

En todo el Perú los profesores estamos de cacería, observando con lupa los trabajos finales de alumnos que parecen haber recibido al final del año una especie de extraña iluminación esotérica, porque sus textos han mejorado de manera notable.

Son pocos, pero son. Y los llamamos “AlumnosBurrier” porque si pasan inadvertidos, se ganan una buena nota. Pero si los pescamos plagiando de Internet, serán suspendidos por no menos de seis meses.

Las historias abundan. Hace unos años un avispado joven me presentó un análisis de una novela que parecía escrito por Vargas Llosa o poco menos. Cuando lo llamé para preguntarle qué libros había leído para adquirir tamaña sabiduría literaria, me contestó de lo más fresco:

- No profesor, yo no soy de leer libros; yo soy más bien de meditar mucho... y así me salen las ideas...

La inabarcable biblioteca que hay en Internet no se le hubiera ocurrido ni a Borges.

Allí hay de todo y para todos y solo hay que saber buscar. Se ha convertido por tanto en una pesadilla para los profesores que encargan “Trabajos finales” porque, repito, aparecen talentos que no se habían manifestado a lo largo del semestre.

Pero la mejor historia de plagio que conozco pertenece a la zona de profesores. Intentaré resumir y explicar la curiosa historia:

Una revista de San Marcos publicó un buen artículo, filosófico, del Profesor A.

Pero a las pocas semanas, la Profesora B lo acusó de plagio, enviando a las autoridades correspondientes copia del artículo de A y una copia de otro artículo publicado en otra revista de otra universidad por el Profesor C.

Qué vergüenza. Dos gotas de agua.

Pero el Profesor A contraatacó enviando ¡copia de su Tesis! probando que el texto era absolutamente suyo. Y de paso acusó al Profesor C de plagio, lo que resultó verdad. Se estableció que este Profesor había consultado la Tesis de A copiándola sin rubor y trasladando sus ideas principales al artículo que leyó la Profesora B... quien debió pedir miles de disculpas.

Pero el problema es mundial y ha provocado una frenética búsqueda de herramientas virtuales para detectar plagiarios. Si revisan Internet verán ofrecimientos de programas como Eve 2, EduTie.com, MyDropBox, CopyScape, PlagioSabe.Com y muchos más que son una especie de feroces canes detectores de material prohibido...

El más atractivo me parecio “Turnitin” que consiste en que los alumnos envían su trabajo a los administradores que otorgarán de retorno un “Certificado de Autenticidad” luego de una búsqueda a fondo y almacenando el texto para cautelarlo. Entonces la maniobra es al revés: los propios alumnos prueban anticipadamente que su texto no es plagiado... de Internet por lo menos.

Pero esta es una batalla francamente antipática que ojalá pudiéramos evitar insistiendo en que se puede copiar, “bajar”, glosar, pero citando las fuentes correspondientes.

Una historia final: hace un par de años detecté un plagio notable en un curso de redacción. Entonces envié un correo a toda la clase diciéndoles que “He detectado un plagio.. si el autor o autora me escribe explicándose, lo pasaré por alto”.

Menuda sorpresa: me contestaron tres... y ninguno era el plagiario original.

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