LA BIBLIA DE LA CARNE

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Desde el departamento de mis tíos Esther Urzúa e Ignacio de Rossi, en la calle Biobío, entre Nataniel y San Diego, observaba a miles de vacas que corrían más allá de la plaza.

Eran arreadas por briosos jinetes que las llevaban al trote hacia el Matadero Franklin para que las faenaran.

Algunos llamaban beneficiar a este proceso.

Nunca entendí por qué sería un beneficio matar a los vacunos.

Las acompañaban rudos hombres con delantales con grandes cuchillos al cinto.

Los denominaban matarifes.

Eso fue hace medio siglo. Exactamente cuando el veterinario Miguel Ponce Vergara comenzaba sus estudios en la Universidad de Chile.

Desde entonces se ha consagrado a la investigación, la docencia y la práctica profesional.

El 5 de abril presentó su libro “La Industria de la Carne en Chile”, segunda edición 2016, en la Casa Central de la Universidad de Chile, en la sala Domeyko.

Independientemente de su gran testimonio, comentaron el Decano de la Facultad de Veterinaria de la “U”, Santiago Urcelay, quien destacó los relevantes aciertos de la obra del veterinario puentealtino.

Fue una exposición sabrosa e inteligente, anecdótica y amable con el autor.

Otro exponente fue Claudio Ternicier, Subsecretario de Agricultura. Entregó la voz oficial de modo claro y de categórico apoyo al libro reeditado.

Conozco a Miguel Ponce desde la infancia.

Fuimos compañeros en la Escuela Domingo Matte Mesías, de los Hermanos de La Salle, en Puente Alto.

Integramos la Promoción 61 y nos reunimos todos los años desde hace 56.

Ese día lo acompañamos varios de ese noble grupo.

Ponce dio un discurso riguroso, documentado y científico. Una clase magistral.

Además, apeló a ciertos recuerdos.

Habló de los matarifes, quienes fueron muy bien reseñados por el dramaturgo y librero Luis Rivano -recientemente fallecido- en una obra que rescata la vida de estos obreros de la carne.

Cargaban vacunos en sus hombros y sus delantales estaban siempre manchados de sangre.

Rivano los conoció cuando fue carabinero y durante su servicio militar en 1953, cuando perteneció al Batallón de Administración de la Guarnición de Santiago y fue encargado de entregar carne a otras unidades y hospitales públicos.

Ponce resumió su nutrido currículo con notable talento y detalles muy significativos, que fueron celebrados por el numeroso público.

Advirtió que en 50 años los progresos han sido muy grandes y se ha transitado de lo artesanal a lo industrial.

A quienes creemos en él nos emocionó a fondo.

Con este libro cierra el ciclo de más de 50 años de profesión.