LA VOZ DE CATITA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Catalina Gómez, Catita, militaba en el primer semestre de la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales.

Pequeña, grácil, inteligente.

Era mi alumna de excelencia.

Hija de un periodista hípico. Su hermano siguió el mismo sendero de su padre.

Sutil, elegante y muy joven, pronto fue mi ayudanta en Redacción.

Perceptiva y clara, me retrató con dulzura y talento.

Como el destacado notario Juan Facuse, transcribo el escrito de Catita. Lo reencontré entre mis viejos apuntes y volví a emocionarme.

Enrique desde muy pequeño quiso su propio mundo.
Un refugio, un nido con sus reglas, sus tradiciones y sus celebraciones.
Cuando se fue a vivir solo, se convirtió casi en adulto, Y llevó a cabo su sueño.
Creó una aldea mágica iluminada, onírica, alegre, única.
Era un gran circo, el mundo perfecto para un niño.
Con carruseles, payasos, títeres y caballitos mecedores.
También había héroes y figuras que los niños admiraban, como El Principito y Chaplin.
Había ángeles para protegerlo cuando sintiera miedo y para que no se sintiera solo, porque ya no tenía a sus padres cerca.
Es un grito silencioso por volver a la niñez, por volver a la inocencia, a la pureza.
Libertad de ser, de cómo comportarnos.
De cómo pensar y sentir.
Escapar de la adultez.
Cuando crecemos mentimos, perdemos la capacidad de asombro, cerramos la puerta a la felicidad.
Enrique quería sentirse siempre niño, ser un ángel de por vida.
Sentir placer, un gusto por vivir, tal como lo refleja Borges en sus poemas.
Por supuesto, Enrique se quiso incluir en este cuadro, al igual como lo hace Dalí en sus pinturas.
No quería quedar fuera de su propia creación.
Eso sí, un poco más atrevido que Dalí, se quiso representar más grande.
Escogió la figura de un poeta, aludiendo a Neruda.
Siempre se sintió reflejado en él.
Tal como los niños se sienten un Principito, tú, maestro, te sientes Neruda
”.