BASUALTO EN EL FOCO DEL AYER

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

El camino del diablo y la cruz olvidada”.

Llevaba pocos meses en “Las Últimas Noticias”.

Al reportero gráfico Alejandro Basualto le gustó pronto mi estilo descriptivo y narrativo. Me sugirió ir a ese lugar, cercano a la Colonia Alemana, en Malloco. Era el espacio de su infancia.

Con su cámara atrapó imágenes que cautivaban sus recuerdos y estimulaban mi prosa.

Uno de los primeros capítulos de una estrecha y extensa trayectoria en ese diario, dirigido por Nicolás Velasco del Campo.

Ajeno a la formación académica, Basualto apelaba a su capacidad intuitiva.

Con la armadura de la práctica, logró la excelencia.

Integró una generación de gráficos directos, valientes, con ojos despiertos, como Enrique Aracena y Héctor Rojas Erazo.

Con Basualto conformamos una dupla afín y creativa.

En su foco del ayer reaparecen rincones de todo el mapa de Chile, desde mediados de los 60 hasta la década del 90.

Recorrió el país desde su mirada de los pescadores de Iquique, las embarcaciones de Valparaíso y el torno que describe Neruda en los 42 cerros. No hubo barrio de Santiago ajeno a su lente.

En reciente crónica memoré cuando quedó abandonado en una isla, tras el terremoto de Valdivia, en 1960.

Lo rescató el carabinero René Obando Sandoval en su lancha patrullera.

En 1982 viajé con Basualto al Campeonato Mundial de Fútbol, que se jugó en España. La selección chilena se domicilió en Asturias, al norte de ese país.

Alejandro recogió en su cámara el histórico penal desbaratado por Carlos Caszely en Gijón.

Treinta y seis años después aún se lo recuerda, a pesar de los múltiples éxitos del ídolo colocolino.

De regreso a Oviedo desde una de las sedes del Mundial, intentamos bajar prontamente del avión. Tomé mi portátil maquinilla de escribir y se desprendió la tapa. El aparato cayó sobre la frente de Basualto y manó mucha sangre.

Nos esperaba un auto contratado, pero él tuvo que ir en ambulancia a un hospital.

Alejandro murió el domingo 17 de junio, a los 89 años.

Su colega y gran amigo Héctor Rojas recuerda muchas anécdotas. Alejandro era fanático de la “U” y Héctor de Colo Colo. Apostaban y siempre ganaban los albos. Como ahora.

Ambos concurrían al Club de Septiembre, hoy Academia Diplomática. Jugaban al cacho con otros reporteros y bebían oscuros mostos.

En ese tiempo el Premio Nacional de Periodismo se entregaba en cuatro especialidades. Injustamente nunca se lo dieron a él en fotografía.

Mi colega y noble amigo Federico Gana me refiere que Basualto le enseñó a cambiar el objetivo. A ir más allá de las circunstancias y encontrar lo sustantivo.

Alejandro ya está en la fotografía de nuestra mejor memoria.