Reconocimiento a una periodista

¿Qué premia un premio? Es una pregunta que se repite inexorablemente cuando se anuncia que alguien ha sido premiado. Ocurre en Chile, donde recién terminó la temporada de premios nacionales. Ocurre cuando se anuncian los Premios Nobel. Casi nunca hay dudas, en cambio, si se trata del Premio Alejandro Silva de la Fuente., destinado a un periodista que “se haya distinguido por el buen uso del idioma en su labor profesional”. Ya veremos por qué.

En rigor, la respuesta a la pregunta inicial casi nunca deja satisfechos a quienes la hacen. Eso se debe a que la mayoría de las bases no entra en demasiados detalles lo que da una amplia libertad al jurado. Según la ley de los premios nacionales, este es un reconocimiento de “la obra de chilenos que por su excelencia, creatividad, aporte trascendente a la cultura nacional y al desarrollo de dichos campos y áreas del saber y de las artes, se hagan acreedores a estos galardones”. Igualmente amplia es la formulación de los Premios Nobel: “que se otorga para reconocer a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad”.

El resultado, en ambos casos y eso no le quita méritos a la iniciativa de los creadores de estos premios, se traduce muchas veces en ásperas polémicas. A ello no está ajena la recompensa que los acompaña. Hay premios que desde siempre fueron discutidos. Hay otros en que, con el paso del tiempo, se llegó a la conclusión de que se habían entregado de forma apresurada. Es probable que el más criticado sea el Nobel de Paz para Henry Kissinger en 1973.

Hace poco se propuso quitarle la misma distinción a la birmana Aung San Suu Kyi, quien desafió a la dictadura, sufriendo arresto domiciliario por quince años y encabezó una exitosa campaña a favor de la democracia. Aunque su poder es limitado en un país dominado por los generales, se la acusa de no haber condenado a “limpieza étnica” de los rohinyás, una minoría en peligro de extinción.

Menos trágicas son las polémicas por los Nobel de Literatura, donde la acusación habitual es que se entregan por motivos políticos. Winston Churchill, lo ganó aunque se estima que merecía el de paz por su gestión durante la II Guerra Mundial.

Los premios nacionales también han cosechado reclamos, pero nunca llegan a estos extremos. Menos todavía el galardón que el lunes próximo recibirá la periodista Vivian Lavín. Lo instituyó un legado del periodista, escritor y miembro de la Academia de la Lengua Alejandro Silva de la Fuente, uno de los fundadores de El Diario Ilustrado.

Nunca hizo clases en una Escuela de Periodismo, pero se le reconoce unánimemente su calidad de maestro en el área de la redacción. En ello coincide con los últimos galardonados: María Teresa Cárdenas (El Mercurio), Héctor Soto (La Tercera), Ricardo Hepp (ex director de El Sur) y muchos más.

En este caso, el reconocimiento destaca el buen uso del lenguaje de la conductora del programa Vuelan las Plumas de Radio Universidad de Chile, quien además ha publicado libros con entrevistas a figuras de la cultura y una maciza obra: Mujeres tras las rejas de Pinochet. Testimonio de tres ex presas políticas de la dictadura.

¿Conclusión? Aún tenemos buen periodismo, ciudadanos.

A. S.
Septiembre de 2017
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas