i Las responsabilidades de Sodano

Las responsabilidades de Sodano

La firmeza con que ha actuado el Papa Francisco en las últimas semanas, ha sido interpretada como una dura pero comprensible reacción ante el engaño. Haber aceptado versiones intencionadas contra los denunciantes de Karadima, la dura descalificación a los católicos “zurdos” y “tontos” de Osorno, la exigencia hasta el último minuto de “pruebas” y no “calumnias” en el caso Barros, lo colocaron en una muy difícil posición. De ella solo podía salir como lo ha hecho: pidiendo perdón y empeñándose a fondo en reparar el daño. El ariete en esta tarea es el obispo Charles Scicluna, cuya prueba de fuego es su presencia en Osorno enfrentando a una comunidad profundamente herida.

No es solo el Papa quien se ha equivocado.

La gigantesca maquinaria que la Iglesia Católica ha desarrollado a lo largo de siglos creó una cultura del encubrimiento. La debilidad de incontables obispos y autoridades terminó por privilegiar el orden interno en desmedro del cumplimiento del mensaje evangélico original.

El analista Corrado Pallenberg lo planteó crudamente en “Las Finanzas del Vaticano” en 1968: “El contraste entre lo que es posible esperar en el plano divino (pobreza, caridad, altruismo, confianza en la Providencia) y lo que es humanamente alcanzable -la mezcolanza, en suma, de lo espiritual y de lo temporal- persiste (hasta) hoy”.

Salvo en los primeros tiempos de la Iglesia, el dictamen de dar “al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”, terminó por resolverse de manera imperfecta. Es lo que simboliza la magnificencia de los palacios del Vaticano que albergan al excesivo poder conservador de la Curia romana. Ningún diagnóstico puede hoy ignorar esta realidad que se refleja en maravillosas obras de arte que esconden penosas mezquindades en el ejercicio del poder.

En el caso chileno, es probable que la pobreza ancestral y la distancia geográfica, hayan contribuido a que nuestros católicos fueran menos ostentosos. Por cierto, siempre ha habido excepciones, pero -como nos consta a más de una generación- en el siglo pasado se optó por la “opción preferencial por los pobres”, ejemplificada por el cardenal Silva Henríquez y otros obispos “progresistas” (calificativo que siempre rechazaron pero que los retrata bien). Esta Iglesia, que desafió la dictadura de Augusto Pinochet, terminó siendo desmontada por obra de un encadenamiento de poderes fácticos que se sintetizan magistralmente en la persona del Nuncio Ángelo Sodano. La nueva Iglesia conservadora -salvo felices excepciones- se olvidó casi por completo de los pobres y de la justicia social y se empeñó en el rescate de algunos “valores”.

Los efectos que tuvo este cambio no han sido suficientemente estudiados, pero es posible creer que el alejamiento de grandes sectores de la feligresía se debió a esta postura extrema, contraria a nuestra tradición. Más aun, es verosímil pensar que las derrotas conservadoras (divorcio, aborto, feminismo militante) se hayan originado en este distanciamiento de la jerarquía y los fueles.

La difícil tarea del Papa -asumida en esto días por Charles Scicluna y Jordi Bertomeu- es lograr recomponer un cuerpo social fragmentado, empezando por Osorno. No será tarea fácil, pero la historia personal del enviado de Malta permite abrigar esperanzas.

A. S.
15 de Junio de 2018
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas