De redes sociales y la vida misma.

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Pese a no haberlo conocido realmente antes de este evento, aún estoy mal por lo del escritor y músico mexicano Armando Vega Gil.

Para mí, la noticia empezó con una imagen extraña, de un dibujante de tiras cómicas mexicano, Polo Jasso, quien publica regularmente la tira “El Cerdotado” de un cerdo superhéroe no siempre exitoso, pero si -para mi- muy gracioso. Sin embargo, la tira no sólo no era sobre el personaje habitual, ni tenía gracia alguna:


(Polo Jasso, “El Cerdotado”, 1° de Abril, https://twitter.com/cerdotadoreal/status/1113184861290926080)

Un poco de googleo, me llevó a la historia:

Un grupo de mexicanos decidió armar una plataforma en redes sociales, donde quienes sintieran que habían sufrido alguna clase de abuso (principalmente mujeres abusadas sexualmente) pudieran hacer su denuncia de forma anónima.

Usando dicha plataforma, una mujer publicó una acusación de acoso y abuso contra el músico mexicano, situación que habría ocurrido cuando ella tenía 13 años..

Armando Vega Gil, publicó un texto-respuesta: “No se culpe a nadie de mi muerte: es un suicidio, una decisión voluntaria, consciente, libre y personal. #MeeToMusicosMexicanos”. Incluyó un texto donde, primero transcribe la acusación, acto seguido lo desmiente: “lo afirmo categóricamente: dicha acusación es falsa”, luego hace algunas reflexiones, sobre como en su carrera trabaja por y para muchachas y muchachos (“Uno de mis oficios más importantes es escribir y cantar para chicos”) y señala que ha estado constantemente defendiendo los derechos de los menores y ayudando en múltiples actividades para ello. En el texto, hace presente que reconoce el derecho de hacer denuncias anónimas en estos casos, y que le habría gustado que el caso se resolviera con las garantías de que “ella estuviera segura de que no habrían amenazas ni represalias”. Pero, y en definitiva, llega a la conclusión de que ya nadie le va a creer, que su carrera como músico y escritor está detenida, su vida acabada y que intentar defenderse, sólo va a dañar a su hijo. Por ello, como “radical declaración de inocencia”, decide suicidarse.

La de Polo Jasso no fue la única reacción al suicidio. Siendo un músico con gran cantidad de seguidores en México, muchos de ellos lamentaron (y siguen lamentando) la decisión tomada.

Y, por supuesto, aunque Armando Vega Gil pidió que no se culpara a nadie por su muerte, unos culparon a la mujer que lo acusó anónimamente, y no pocos reaccionaron en contra del movimiento “me too” mexicano, al punto que la plataforma que publicó la acusación, decidió cesar (al menos temporalmente) sus actividades.

Hoy, que en Chile se discute la imprescriptibilidad de los delitos sexuales contra menores, creo conveniente incluir este episodio en el análisis de la ley. Es cierto que las víctimas de abusos no salen fácilmente de dichas situaciones (está también en Twitter, la historia de Jaime Parada Hoyl donde cuenta lo mucho que le costó asumir su propia historia, antes de poder contarla) y por supuesto, y mucho más conocidas, las historias de quienes fueron víctimas de Karadima. Pero no sólo eso, también están quienes en su momento se sumaron al movimiento MeToo para denunciar abusos o acosos en la industria del cine y otras, personas que sólo se atrevieron cuando el "Me Too" les hizo sentido y les dió fuerza para denunciar.

Esta no es una columna legal para discutir sobre prescriptibilidad. Pero si un lugar donde tener presente lo que puede pasar en las redes sociales, sobre todo, después que se apruebe (lo más probable) la imprescriptibilidad. Se dice que las denuncias falsas no son más de 3 cada 100 casos, pero cuando se amparan en el anonimato, incluso aparecen denuncias cuyo único fin, es hacer perder credibilidad al sistema.

Para pensarlo.