Interceptando WhatsApps…

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Esta semana ha sido noticia la pelea entre la Fiscalía y Carabineros, sobre las supuestas filtraciones de la operación Huracán a los imputados.

La fuente de toda la información: un aparente conjunto de WhatsApp obtenidos del celular de uno de los implicados, donde comentaría aspectos que sólo podrían obtenerse en caso de filtraciones de la planificación de operaciones de arrestos a integrantes de la CAM (Coordinadora Aruaco Malleco) en el marco de la investigación sobre quema de camiones en el sur.

Para demostrar la veracidad de sus acusaciones, Carabineros habría mostrado de registro de las conversaciones entre comuneros, puestas casi como un “guión”. Adicionalmente, entrega información de quienes habrían estado involucrados en la obtención de las evidencias, así como la cadena que garantiza que la información es tal como ellos la obtuvieron de los equipos de los imputados.

Por su parte, el fiscal se defiende, presentado su propia acusación por falsificación de pruebas.

Desde la aparición de la serie de televisión CSI (Investigadores de Escena del Crimen) la “ciencia forense” ha aparecido en nuestro idioma cotidiano. Si antes algunos esperaban “magia” por parte de Carabineros o la PDI para identificar a los malhechores, ahora todos “preguntan” por la cadena de evidencias (la manera de garantizar que no hay adulteraciones) y las pruebas científicas de la culpabilidad (más de alguno se ha frustrado cuando, dando aviso de un robo, no han llegado a “tomar huellas”, y eso porque en la gran mayoría de los casos, hay tantas huellas acumuladas en el tiempo, que en la práctica sirven de poco). Peor si la fiscalía, el organismo a cargo de la investigación decide que el caso “no amerita” darle continuidad, porque sería botar recursos fiscales (aparte de que ellos obtienen bonos por casos terminados, independientemente de si los investigaron o los cerraron por decisión propia).

El tema de las evidencias en situaciones totalmente digitales (como este caso, dónde lo único que existen son registros whatsapp, archivos de teléfonos celulares y a lo más, capturas de pantalla) es un problema serio. Por supuesto, se sigue aplicando el principio de la “confiabilidad” del forense, aunque por razones económicas, la gran mayoría de los forenses son mismos carabineros, lo que pone en tela de juicio un principio de la investigación científica: el que analiza, no debiera ser el mismo (o estar bajo la misma cadena de mando) que el que recolecta o actúa en los operativos; mientras más independientes sean el forense del que hace los arrestos, más confianza en la objetividad de sus conclusiones. Son los llamados principios “ciegos” del método científico (específicamente el triple ciego en pruebas con grupos de control)

Pero ¿cómo se pueden obtener las conversaciones de whatsapp entre personas? En principio, hay dos maneras: la primera es mediante la intervención de las comunicaciones, la que tiene que ser ordenada por un juez, permitiendo así que las conversaciones que involucren un determinado número de telefónico (demostradamente propiedad de alguien que está siendo investigado) sean almacenadas, revisadas y utilizadas como medio de prueba. Una variante de esta primera manera, pasa por solicitar a la compañía telefónica los registros de las últimas comunicaciones digitales de un determinado teléfono, eso a partir de la certeza de que las compañías prestadoras mantienen algún registro que usan –¿anonimizadamente?- para sus fines comerciales (recuerdo que se discutió al respecto, pero no recuerdo en qué quedó la propuesta de permitir a la fiscalía solicitar dicha información). La segunda manera, pasa por obtener una copia del registro que el propio celular tiene de las conversaciones de whatsapp (que sería la manera aquí utilizada) y analizarlo. El mayor problema de este mecanismo, es garantizar de manera fidedigna, que el archivo se obtuvo realmente del celular, y lo que se filtró (lo que se analizó) es todo lo que realmente tiene que ver con el caso, y que lo excluido, realmente no tiene relación.

En la sección reportajes de la radio bio bio, hay información sobre el peritaje donde se señalan las herramientas utilizadas, los equipos periciados y transcriben las conversaciones, sin embargo, el forense no incluye información relevante (las marcas de tiempo de las conversaciones) por lo que resulta una prueba incompleta (que se puede mejorar con una nueva pericia). Se ha mencionado que el nuevo análisis debiera ser realizado por una institución externa (por ejemplo el FBI) de manera de que se den mejores garantías del proceso. Aun así, es una mala práctica muy extendida en nuestro país, el que se “filtren” los documentos periciales antes de que se resuelvan los procesos. Tanto la fiscalía como carabineros, debieran no sólo mantener la “cadena de custodia” de las pruebas, también de sus documentos oficiales.