Historias de influyentes…

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Parece uno de esos capítulos “distópicos” de la serie de Netflix: “Black Mirror”: Hoteles, restaurantes y similares cuentan historias parecidas. Un “influyente”, les ha enviado un correo o un mensaje a través de las redes sociales, ofreciéndoles el privilegio de contar con una publicación (“con fotos!”) de su negocio, a cambio de distintos niveles de descuento, que van desde “algún porcentaje”, a “un par de días para mi”, e incluso “voy con amigos a su ciudad”.

La propuesta del “influyente”, tiene siempre la misma estructura, se presenta, indica tener seguidores en redes sociales (Twitter, Facebook, Instagram y/o Youtube) y porqué el dueño del local debiera sentirse honrado por esta propuesta, que de concretarse, claramente, significará un fuerte incremento en las ventas, pues como “influyente” hará que las redes sociales se vuelquen a comprar los productos y servicios ofrecidos. Un ejemplo del año pasado fue “I’m in tour as an influencer and post all the pictures later on my account. Do you have an offer? Food or Drink for free or some discount? Normally i travel with friends, and I like to have a offert of all of us.”. La respuesta no debe haber sido del gusto de la “influyente” (aunque probablemente le dio más fama como “inluencer”) ya que fue del tipo “Niños de 27 años pidiendo si les regalas comida o les haces descuentos en tu negocio, se denominan "influencers", de nuestra casa viven 7 familias, pídele dinero a tus padres.

No termina de quedar claro eso de ser “influyente”. Hace unos años, se invitó a los 140 “influeyentes de twittter” (los 140 twiteros chilenos más mencionados) a una fiesta especial, y de ellos, me atrevo a pensar que la mitad ya no están activos en redes sociales o simplemente han perdido su capacidad de influenciar. Algunos permanecen en la senda, otros han “monetarizado” (no me termina de convencer el término como indicador de ganar dinero gracias a las redes sociales) su influencia, la mayoría como administradores de comunidades virtuales a las que dan visibilidad desde su posición de influyentes.

Por otra parte, es cierto que hay cada vez más sitios y lugares que sirven de referencia para negocios y lugares, desde el siempre presente Google, que aprovecha la plataforma Android y los GPS de los smartphones, para preguntar que le pareció a uno, aquél lugar donde estuvo ayer, anteayer o la semana pasada, hasta sitios como tripadvisor o trivago, que también se nutren de las opiniones de los clientes (en estos últimos, quienes se interesaron en poner sus opiniones por si mismos) para ofrecer recomendaciones a quienes andan buscando nuevos lugares que visitar. Sin ir más lejos, conocí tripadvisor por un amigo dueño de restaurante que siempre que voy, me pide que publique una evaluación en el sitio (claro que nunca le he pedido descuento por ello).

Al final, la pregunta es si realmente tiene un “valor” ser un “influyente”. Si realmente hay un efecto de influencia desde las redes sociales (¿alguien recuerda lo que significaba, hace algunos años, amenazar con llamar a “Línea Directa”?) y si una persona las puede activar. Si tendrá un efecto económico el que el “influyente” hable bien de mi hotel o de mi restaurante (en particular, si su público, son más jóvenes que están en la misma parada de lograr ser “influyentes”). Es la misma pregunta que hoy muchos se hacen respecto de los cobros de acceso a la plataforma emol, la cual, precisamente por cobrar, hoy aparece mucho menos en las redes sociales (ahora es mucho menos habitual que se twitee o mande a Facebook un enlace a emol). Y se sabe que El Mercurio siempre ha sido (o intentado presentarse como) un “influyente” en la sociedad chilena.