La enseñanza de la informática

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

En el último tiempo, han aparecido varias ofertas “on line” para aprender a programar y construir sitios web. Probablemente, lo más potente, sea la oferta de “next-U” quienes compiten con Open English y English Live en cuanto a publicidad televisiva, pero no son los únicos. Además, hay una iniciativa estatal (avalada tanto por el gobierno actual como el anterior) para enseñar programación a los estudiantes de colegio. Incluso desde la U. de Chile, se hacen iniciativas para enseñar programación a niñas ( Niñas PRO )

Desde la aparición de los primeros grandes computadores, ha habido múltiples discusiones sobre la enseñanza de la computación, la programación y la informática. En Chile, aunque la tecnología nos llega desde USA, la teoría de la informática nos llegó desde Europa (la palabra “informática” surge en Francia) y la discusión no es menor.

¿Qué es más importante? ¿saber programar (codificar) o saber cómo crear un sistema (entender el todo) ? ¿qué es mejor? ¿ser un traductor muy eficiente que puede hacer muchas variaciones de la traducción hasta que el cliente esté satisfecho? ¿o entender el contexto, interpretar la lógica de la información y crear un sistema eficiente?

Hay argumentos de lado y lado. Desde hace unos años, el “manifiesto ágil”, la idea de un grupos de programadores de que es mejor ser un traductor rápido y hacer tantas versiones del software sean necesarias, hasta satisfacer al cliente, ha ido dándole fuerza a la idea norteamericana de la programación como sinónimo de traducción (“saber hablar y escribir html, css, js, php”). Un buen traductor, con o sin una “buena idea” (que sepa crear un código para celulares, por ejemplo, y lo traduzca eficientemente) podrá hacer tantas versiones como sea necesario, hasta que la idea triunfe.

Por el otro lado, está la creencia de que ese tipo de situaciones “alarga” hasta el extremo los desarrollos, aumentando de manera inimaginable los costos. Es lo que le pasó a un cliente, que quiso una aplicación para celular, se la hicieron en modo “ágil” con un presupuesto “preliminar” y el cliente se agotó el presupuesto mucho antes de tener la aplicación “de su agrado” y ahora busca otros desarrolladores que le puedan dar “una solución definitiva”. Es la ventaja del enfoque sistémico: si conozco el todo, debiera ser capaz de hacer un presupuesto mucho mejor. Pero tampoco es tan así.

El manifiesto ágil surge porque siempre hay cambios en los requerimientos, siempre habrá mejoras que realizar y, por lo general, se requieren “para ayer”.

Pero la pregunta no es menor. Hoy hay muchos estudiantes de “Ingeniería en Informática” que están usando sus “mejores años” para aprender a construir sistemas, y que se ven “tentados” por los manifiestos ágiles (sin lograr un buen desarrollo en ninguna de las dos áreas, quedando en un ambiguo lugar intermedio). Y quienes somos sus profesores, debemos darles, sino una respuesta (que no tenemos) al menos ideas o premisas claras.

Es nuestro deber.