La era de la intolerancia.

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Se había advertido como posible: las redes sociales “deshumanizan” la discusión, y lo estamos viendo en la práctica.

La advertencia surgía de lo que ocurre al escribir frente a un computador, y no decirlo de frente a una persona. Al no tener al contendor delante, ni pensarlo como un humano (ni siquiera un “igual”) es muy fácil lanzar una pachotada, un garabato o un insulto. Y también es muy fácil que el que responde, por la misma razón, lo haga al estilo del póker: tu insulto y dos más.

Que mejor ejemplo que el del “bus de la libertad” donde un grupo, preocupado por las eventuales consecuencias de lo que ellos llaman “la ideología de género”, acusan de engañar a niños y adultos con esa “ideología”, según ellos, ni la biología ni Dios pueden haberse equivocado, y el resto es ideología, “no se metan con nuestros niños” terminan sentenciando, sin indicar cuál es el alcance de ese “nuestros niños”.

Por el otro lado, los acusan de intolerantes y discriminadores (incluso en contra de la ley anti discriminación), que un padre no puede llegar y enseñar “cualquier cosa” a sus hijos (e ignorando la vieja ley de Godwin, insisten en que no es llegar y enseñarle a los niños “la supremacía blanca” e incitarlos a ser nazis).

Y el ciclo se repite hasta el infinito, con cada grupo acusando de intolerante al otro. Todos piden su derecho a expresarse, pero claramente les molesta que el otro se exprese.

Más allá de las opiniones y hechos que cada cual pueda presentar, está claro que no hay forma de alcanzar un diálogo civilizado, y aunque no es el primer caso (y lamentablemente no será el último) todos parecen creer que “el que grite más fuerte, ganará la discusión”, y el principal foro, son claramente las redes sociales (entre twitter, Facebook, las cartas al director de los medios).

Las discusiones similares anteriores, no han sido “ganadas” en forma alguna. Simplemente llega un momento en que parece que se cansan de vociferar (o publicar en redes sociales). Y claro, los “voceros” de cada movimiento, rescatan una parte de la discusión (generalmente la más razonable del movimiento propio y la más vociferantemente violenta del movimiento contrario) para seguir con su lobby.

Hace algunos años, el Senado había abierto un espacio propio pidiendo la opinión de los ciudadanos en algunos temas. Yo me inscribí pensando en que podía dar una opinión “que sirviera para algo” pero después de un tiempo, dejaron de llegarme los mensajes para participar (y reconozco que lo dejé estar). Muchas instituciones han cerrado los foros propios, para alimentarse de las redes sociales, pero claramente los “encapuchados virtuales” como sentenció un ministro hace 6 años, logran matar cualquier intento de discusión seria. Quizá sea el momento en que nuestros honorables vuelvan a buscar medios para que los ciudadanos se expresen, pero que lo hagan desde la razón y no desde el trolleo.