¿Voto anticipado? ¿Voto Electrónico?

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Una vez más, las elecciones obligan a hacer algunos análisis, no sólo sobre los candidatos, sino respecto de los votantes, ya que cada vez parecen ser menos los interesados en marcar su preferencia. Según la información estadística del SERVEL, en Chile debieran haber más de catorce millones de votantes, pero sólo el 46% emitió su voto.

El “pensamiento mágico” propone que si ese 54% que no votó, lo hubiese hecho en masa por cualquiera de los candidatos, entonces ese candidato habría ganado en primera vuelta. Los análisis más serios, creen que entre los no votantes, hay una distribución más o menos parecida que entre los votantes. Pero dados los graves errores de las encuestas previas a la elección, lo mejor sería que esos no votantes cambiaran su actitud y fueran a votar.

¿Cómo estimular la participación? Es la pregunta más importante en una democracia, y aunque parece ser una tendencia global el que sólo voten unos pocos, no puede dejar a nadie tranquilo.

Yo soy un creyente en el voto electrónico. Si hoy en día, hay “criptomonedas” que se están valorando en miles de dólares (¡US$ 11.840 por cada bitcoin!) creo posible hacer un proceso no tan elaborado (se dice que el proceso de hacer una transferencia de bitcoins gasta casi tanta energía como un país pequeño) pero igualmente seguro. No creo que deba ser obligatorio para todos, entiendo las reticencias de algunos que prefieren el sistema tal y como está (aún con las acusaciones de fraude, casi sin evidencias, que sacudieron nuestra tranquilidad republicana) pero si tenemos que hacer –obligatoriamente- nuestra declaración de impuestos de manera electrónica (y si nos equivocamos, eventualmente podríamos ir a la cárcel) no creo que sea tan difícil entender y generar un buen sistema para este tipo de votación.

El sistema debiera ser parecido al actual, generar “mesas electrónicas”, con una cantidad de votos máxima (podrían ser los mismos 350 que cada mesa real considera). Mesas dónde la inscripción sea voluntaria (los que quieran votar electrónicamente, puedan hacerlo). Mesas que pueden empezar a atender desde algunos días antes a los votantes e incluso permitan cambiar el voto. El sistema debería funcionar con algunas de las mismas ideas de las criptomonedas: información encriptada y distribuida, que permita verificar si la información en la base de datos centralizada (que creo se justifica) es realmente correcta o ha sido adulterada.

Aunque claro, habría que ver si los actuales no-votantes, se animarían a sufragar así. Pero para muchos, sería una buena manera de hacer las cosas (sobre todo, disminuyendo la cantidad de mesas reales).